Gidia
marzo 30, 2010
Por si quedaba alguna duda sobre lo que el turismo puede hacerle a la gente, un anuncio de Destinia se encarga, contra sus propias intenciones, de recordarnos sus secuelas sicológicas. Lo he visto hoy en el metro y me ha encantado, la verdad. Aparece un señor con aspecto de Clark Kent desaliñado sosteniendo un bistec con palillos chinos. El eslogan reza: “quince días en China pueden cambiarte la vida”. Está clarísmo que, a menos que nos refiramos a Mauthausen, quince días en cualquier sitio son incapaces de cambiar nada, por lo que el anuncio sólo puede interpretarse como una denuncia de la superficialidad del turista.
El pobre hombre que sostiene el bistec como si fuese un pedazo de pato lacado ha querido conocer tanto en tan poco tiempo que ha acabado al borde de la oligofrenia.
Además, disfruto imaginándome el momento en el que los de la agencia de publicidad, inconscientes del poder destructivo de su propia creación, llegaron con este autosabotaje al despacho de los directivos de Destinia. ¡Qué escena tan formidable! El momento en que descubrieron a Clark Kent, los palillos y el bistec, la cara de poker del Director de Marketing de Destinia, los segundos de duda abisal en que los directivos sintieron ganas de matar humanos y el momento final de distensión en que el Subdirector, desafiando cualquier signo de inteligencia humana, gritó “¡Me gusta!”, haciendo que el Director de Marketing se sumase cobardemente con un estentóreo ¡A mí más!
Pero ya que estamos arremangados, vamos a sacarle punta a todo: el nombre Destinia viene a corroborar el complejo de culpabilidad del Capital. Qué dolor de conciencia. Se sienten tan mal vendiendo lo que venden que ya no les vale, por ejemplo, “Viajes Pérez” o, pongámonos algo más refinados: “Travelclass”. La puta enfermedad del valor añadido se filtra en todos los rincones del hacer empresarial. En realidad, es muy comprensible: si todos venden lo mismo al mismo precio ¿qué puede importarle a la gente la marca? Ahí es donde deciden entregarse directamente a la mentira: hagamos que semejante sinsentido, el gastazo en marketing, el aumento implacable en los márgenes del plusvalor, tenga correspondencia con algo cuasimágico. Y ese es el punto en el que entran, entre otras muchas tácticas de diferenciación, los nombres repúblicas exóticas de inspiración Marvel (Latveria, Wakanda…). En todas partes han proliferado empresas que apelan a nuestro yo aventurero. Hasta un puto bufete de abogados que hay en la Avda. Diagonal ha osado hacerse llamar Abogalia. Por el amor de Dios ¿qué clase de enfermo se sentiría a gusto en la República de Abogalia? Sólo imagínenselo. Mazas, básculas, calabozos, pleitos… ¡Uagh!
La cosa es ponerle el sufijo -ia o -lia a cualquier palabra y sea cual sea el negocio. Privalia, Azertia, Negocia, Valoria, Imbecilia y todo lo que a ustedes se les ocurra. Pero qué quieren que les diga: a mí esta gilipollez sólo consigue recordarme al gran Hill Hicks y su gag de los Gideons, aquellos locos cristianos que dejan biblias en las habitaciones de los hoteles estadounidenses.
“¿Who the fuck are the Gideons? ¿Have you ever seen one? ¿Where do they live? ¿In fuckin’ Gidia?”.
Creo que luego el gag deriva en una escena de caza. Hicks apostado tras el escritorio de una habitación de hotel con una escopeta hace una llamada a recepción:
-Can’t find a bible in my room: send in a Gideon.
-¡Bang!
Lo bueno hecho por las malas
marzo 25, 2010
Manifestantes antireforma junto a un seguidor del mítico grupo de Hc Anarcopunk Hell No
El Estado debe ser corto, en esa pequeña parte estoy de acuerdo con los ultraliberales americanos. En todo lo demás, estamos en las antípodas. Yo creo que esa escasez de Estado debe estar precisamente en los aparatos militares y represivos. Y ahí es precisamente donde a los ultraconservadores les gusta un Estado largo.
La cobertura universal sanitaria y de educación es, fundamentalmente, lo único que deseo de una organización centralizada. Una sanidad descentralizada es muy poco práctica. Cualquier dolencia extraña o enfermedad rara nos condenaría a tratar con un médico generalista (a menos que tuviésemos la suerte de tener por vecino a un cirujano especializado en lo que nos duele) o a emprender un largo peregrinaje de hospital en hospital hacia quién sabe donde. Ciertos recursos, por su uso excepcional, por economía, deben estar al alcance de todos. Igualmente, una educación descentralizada está destinada a descuidar del todo la universalidad y a construir patrias y hombres cada vez más pequeños, a hacer ciencia del terruño.
Por eso considero un craso error la reforma sanitaria estadounidense. Porque aunque asegura la cobertura universal, queda fuertemente descentralizada. Y peor aún: a merced de las corporaciones.
Mal comparado, es como si, en previsión de probables problemas de deshidratación nos hiciesen comprar a todos quince botes de Nutrimax o, en su defecto, veinte de Nutrimuch. Lo más económico y práctico es que una agencia central acopie Nutrimax y Nutrimuch suficiente (de forma que no se compre más del necesario para enriquecer injustamente y a costa de todos a Nutrimax Corp. y a Nutrimuch Associates) -o mejor: que lo fabrique- en las dosis necesarias para asegurar la provisión en casos de deshidratación. No tiene sentido obligar a todos los ciudadanos a enriquecer a las corporaciones. Es por eso que, aunque la reforma Obama traiga algo mejor que lo inmediatamente anterior, en esencia es la realización de algo bueno por medios profundamente erróneos. Es como embellecer un páramo convirtiéndolo en un pantano. Seguro que un pantano es mejor que un páramo pero, qué demonios, ¿no queríamos un jardín?… Sobretodo, cuando resulta mucho más barato y más fácil que inundar el páramo y llenarlo de manglares.
Pero eso no es lo que protestan los conservadores. Ellos lo que prefieren es que cada uno compre Nutrimax según su capacidad económica. Y que unos tengan quinientos botes y otros no tengan ninguno. El que no tenga, que se joda, que se muera de sed: haber prosperado, no haber nacido pobre. Eso, en contra de sus argumentos, no tiene nada que ver con la libertad. Eso en todas partes se ha llamado siempre por otro nombre: privilegio.
Casi vomito cuando escuché a un cenutrio confederado en las puertas del capitolio hacer el siguiente razonamiento: “esta reforma atenta contra nuestra libertad, yo puedo elegir no conducir y por tanto, no contratar un seguro de automóvil, pero ahora el Estado nos obligará a contratar una póliza de salud”. Muy bien, Billie Ray, ahora me gustaría ver cómo eliges no ponerte enfermo de cancer de tiroides. Realmente, es un error de razonamiento que equipara la libertad con la carencia absoluta de garantías sociales.
Aquí, por mucho que se quiera marear a perdiz, no se trata de un asunto que enfrente al Estado contra los ciudadanos, sino a las corporaciones de seguros contra el Estado y los ciudadanos. Sorprende la facilidad con la que se ha engañado a la gente escamoteando el agente principal del debate y enfrentando a los “partidarios de la libertad en América” contra el partido demócrata, una agrupación conservadora y capitalista con ligeros tintes progresistas.
Esta semana pasada, un buen número de patriotas gilipollas han incendiado sedes del partido demócrata. En general, me parece una buena idea, aunque nunca realizado por esta gente y nunca por estas razones. Y es que el día que se prenda fuego al parlamento, lo primero será ver quién lo hace: si lo hacen los conservadores, iré rápido al aeropuerto con toda mi familia. Si, en cambio, lo hacen hombres verdaderamente libres, danzaré en pelotas junto a las llamas.
La relación definitiva entre ETA, Chávez y Al Qaeda
marzo 2, 2010
El Magistrado Eloy Velasco dictó ayer un Auto de Procesamiento que los medios de comunicación han empleado para poner cada uno el titular que le ha dado la gana, según las intenciones empresariales de sus accionistas con respecto a Venezuela.
Tras leer y escuchar multitud de noticias en la prensa digital y en los telediarios nocturnos, comprendí, junto a tantos otros millones de súbditos del Rey, que este magistrado “ha demostrado” o “asegura”, que el gobierno venezolano (o, según el medio, “Chávez”, directamente) ha colaborado con ETA y las FARC.
Bien, vayamos paso a paso, porque ni el magistrado ni los titulares abrigan buenas intenciones.
Lo primero que hay que recordar a todos los periodistas que no dudan en asesorarse cuando escriben sobre ciencias pero que jamás han precisado noción alguna de derecho penal para escribir entorno a él, es que un Auto de Procesamiento no demuestra nada. Valora indicios que cree suficientes como para procesar una persona y seguir con el procedimiento para esclarecer las responsabilidades. Este Auto es el documento que concluye la fase de instrucción, una fase en la que el Magistrado junto con sus funcionarios intenta reunir el material probatorio suficiente como para juzgar a alguien. Luego ya llegará el juicio.
Este, que es un dato al alcance de cualquiera de los veinte millones de licenciados en derecho que hay en el Estado Español (entre ellos, el propio Zapatero y, creo, su colega Moratinos) puede resulta asombroso a la luz de lo que sucedió unos minutos después, cuando el Magistrado Eloy Velasco (al que la prensa llama continua y erróneamente Juez, que es como llamar teniente a un capitán) filtró a la prensa su documento (sin levantar primero el Secreto de Sumario: ole sus huevos). Tras esta dudosa acción del magistrado, el Presidente del Gobierno no dudó en pedir explicaciones al Gobierno Venezolano. ¿Sobre qué? ¿Sobre un Auto de Procesamiento? ¿Sobre unos hechos que no han sido demostrados y a causa de unas personas cuya implicación no ha sido todavía juzgada? Pues sí. La rapidez y la superficialidad de sus declaraciones dejaron más que claro que nadie había leído ni una sola de las 16 páginas del Auto.
Lo que se ve aquí de forma muy muy clara es una intervención política de la Audiencia Provincial. Haciendo esa filtración sabía iba a revolucionar a la jauría mediática, deseosa de juntar Chávez, ETA y las FARC en un solo titular. ¡Dios mío! ¡Si es el sueño de su vida! ¡Llevaban años esperándolo! De hecho, me extraña que en el Auto de Velasco no figuren también Al Qaeda, Antonio Puerta y Felix Millet. Y de la sobrerreacción previsible de la prensa, la sobrerreacción previsible del gobierno a la defensa de su popularidad. Con lo fácil que hubiese sido salir a decir: “a ver, señores, cálmense y esperen, que lo que este magistrado quiere probar no lo tenemos nada claro”.
Dicho esto, también hay que hablar del Auto de Procesamiento que dictó el Magistrado Velasco, porque jurídica y políticamente (sí: ya que es un acto político, lo descalificaré también políticamente), es una auténtica basura. Para encontrar indicios que le sirvan para procesar a quien tiene ganas de procesar, este señor recurre a una serie de elementos probatorios a cual más ridículo:
- En el Auto se repiten continuamente extractos de correos electrónicos obtenidos del ordenador portátil del exdirigente de las FARC Raúl Reyes, obtenido ilícitamente tras una intervención militar colombiana que no sólo violó la hegemonía territorial de Ecuador sino que concluyó con la muerte de decenas de personas, entre ellas el mismo Sr. Reyes. Tanto España como Colombia no aceptan lo que se consideran pruebas ilícitas (como por ejemplo, las obtenidas tras invadir un país extranjero y hacerle un agujero en la cabeza al presunto delincuente), pues los legisladores siempre han considerado, con muy buen criterio, que no se puede cometer un delito para intentar demostrar otro… Igualmente, en el supuesto de que obviásemos el principio de exclusión probatoria y el portátil de Reyes pudiese emplearse, la propia INTERPOL rechazó en su momento su contenido al retrasarse la entrega del mismo en más de dos días, tiempo que pudo haber servido a los militares colombianos para introducir en él cualquier cosa. Es decir: que no se custodió la prueba principal ni puede demostrarse su integridad.
- Emplea repetidamente el argumento de que el miembro de ETA Arturo Cubillas trabajó como alto funcionario para el Ministerio de Agricultura y Tierras de Venezuela. Este es un argumento jurídicamente tan inconcluyente que roza la infantilidad: la condición de funcionario no responsabiliza automáticamente al Estado. Para que esto sea así, el delito debe haberse cometido como parte de las encomiendas del cargo o por orden directa de algún miembro del gobierno. ¿Se responsabiliza el Estado si un Oficial de Correos mata a su mujer, o si un Subdirector de Nuevas Tecnologías del Ministerio de Fomento conspira para derrocar al Gobierno de Luxemburgo? Otra cosa sería que pudiese demostrarse que Sr. Cubillas perteneciese a la inteligencia venezolana (cosa que, de poderse probar, Velasco se hubiese apresurado a poner sobre la mesa), o que existiese un documento del vicepresidente pidiéndole que, por favor, se deje de ostias y mate de una vez al cabrón de Uribe.
- Tras fracasar las negociaciones de Argel en 1989, Arturo Cubillas fue acogido por Venezuela como parte de un pacto entre los tres países implicados en la operación (Venezuela, Argelia y España). Estos pactos, que nacen y viven al margen de la legalidad, están perfectamente asumidos por todos los gobiernos democráticos y rara vez se formalizan, pues aunque son perfectamente comprensibles en su dominio político, contravienen profundamente una infinidad de artículos del ordenamiento jurídico de cualquier Estado de derecho. Esto ¿qué quiere decir? Pues que, si a los Magistrados y Jueces les da la gana, pueden dejar al Ejecutivo en pelotas y sin fortaleza política de cara a futuras negociaciones. Todo esto se sustenta en un pacto no escrito entre el ejecutivo y el poder judicial, un acuerdo de respetar estas decisiones y mantenerlas al margen de la actividad jurisdiccional. Porque, seamos serios: si el día siguiente de pactar una tregua con ETA, a Garzón le sale del culo detener a cien, pues puede perfectamente hacerlo…Pero coño, inmediatamente le llamará Rubalcaba y le espetará: ¿a qué jugamos, Baltasar? Pues bien, esto es a lo que se les está diciendo a los terroristas: “por mucho pacto que haya, el día que a un juez estrella le de la gana de pasarse el pacto por el forro escrotal, te vas al trullo”. Parece que sólo les damos la salida del Berserk: morir matando.
- Emplea continuamente las declaraciones de un tal Camilo, arrepentido de las FARC. Las acusaciones de este hombre bien podríamos tomárnoslas a filfa, atendiendo a la tradicional costumbre de los Estados de emplear a estos arrepentidos para dar un aire realista a la creatividad de sus agentes de inteligencia, pero pongámonos serios: esta vez nos las creemos. Bien, entonces: ¿qué pruebas refuerzan o sustentan sus palabras? ¿Ein? ¿Pruebas? ¿Mandee? En todo el Auto no se hace referencia a ninguna, y esto tiene una fácil explicación: no hay ninguna. En un juicio por asociación ilícita (contra unos mafiosi, pongamos) ¿tomaría un tribunal como suficientes las palabras de un arrepentido? ¿Sí? ¿Y entonces todo el que señale el arrepentido con el dedo índice alzado, sin contabilidad ni grabaciones ni papeles ni información fiscal ni nada de nada, al trullo porque sí, porque lo dice el arrepentido? Pues vaya: si con un arrepentido basta, no entiendo entonces porqué tenemos estos problemones en el Sur de Europa con las bandas de mafiosos. No se explica, la verdad.
- Una de las declaraciones del arrepentido es directamente para echarse unas risas y palmearnos las espaldas los unos a los otros: cuenta que en una de esas escenas en que los de la ETA hablaban de explosivos con los de las FARC (así, entre arepas y zuritos) apareció un miembro del ejército venezolano de paisano que, supongo que para que el Magistrado Velasco pudiese imputarle unos años después, llegaba ataviado con un chaleco con las siglas de los artificieros del ejército. Claro que no hay fotos ni grabaciones del momento, pero si lo dice el arrepentido, será verdad ¿no? Yo mismo tengo una camiseta de la CIA, así que no veo porque Camilo El Arrepentido pueda estar mintiéndonos al respecto.
Y en fin, esto es todo lo que hay en el Auto. Y hay que recalcarlo: esto es todo lo que hay. Ahora es el momento de especular sobre las posibles intenciones del documento y su filtración a la prensa. Está claro que hay motivaciones políticas, pero ¿qué motivaciones políticas en concreto?:
- El Magistrado es del “ala conservadora” y fíjate cómo la calza. Llevó la Conselleria de Justícia de la Generalitat Valenciana en tiempos de Zaplana. ¡Ahiesná! A tenor del documento que ha pergeñado este hombre, que tiene la misma profundidad jurídica que la cláusula de rescisión de un futbolista, puede que, sencillamente, haya recibido la consigna del partido para hacer ruido con esto, que esté agitando los tres nombres (ETA, Chávez, FARC) para alimentar la habitual estrategia mediática de acoso y derribo contra los llamados regímenes totalitarios del Caribe.
- Todo esto se enmarca en un macro plan del imperio. Pese a ser un gran simpatizante del presidente venezolano, este es un argumento demasiado conveniente y demasiado ajustado al credo chavista. Estaría bien poder demostrar que todo es un plan del imperio, pero en caso de hacer esas acusaciones, deberíamos poder demostrarlo bien, y no como hacen ellos, con un Auto de Procesamiento que parece una práctica de primero de derecho destinada a recibir un Muy Deficiente.
- Es una táctica de la Audiencia Nacional acordada con el gobierno Zp para que, mediante la presión ejercida por el documento recién aireado, Venezuela se avenga a extraditar a Arturo Cubillas, de quien se sabe, por información de inteligencia (aunque sea imposible de probar, como bien ha demostrado el Auto de Procesamiento reseñado), que sigue en activo colaborando con ETA. Esta teoría, a tenor de lo rápida y acompasadamente que saltaron Zapatero y Moratinos a pedir explicaciones al gobierno bolivariano, no puede despreciarse así como así.
- Es un mensaje del Estado a una ETA que se supone en estado Terminal: “si no os rendís, no pensamos respetar ni los pactos que dejaban impunes a vuestros miembros históricos”.
También puede ser, por supuesto, una combinación de todas las anteriores. A veces la geopolítica funciona así: no se mide demasiado ni la fuerza ni el proyectil que se lanza, siempre que se haya disparado en la dirección correcta. Es un desgaste, una estrategia a largo plazo. Y qué coño: a veces ni siquiera saben lo que hacen. Sólo le están dando un gusto al cuerpo.