Clarividente OIT
enero 26, 2012
Tercera conclusión del último informe de la OIT:
“En tercer lugar, lo que ahora más se necesita es apuntar a la economía real para venir en apoyo del crecimiento de los puestos de trabajo. A la OIT le preocupa de manera muy particular el que, a pesar de los grandes paquetes de estímulos, esas medidas no han conseguido eliminar el incremento de 27 millones de desempleados registrados desde el impacto inicial de la crisis. Evidentemente, las medidas políticas no han apuntado bien a su objetivo y precisan de reformulación y corrección conforme a su eficacia…. Políticas que han probado plenamente su eficacia en la estimulación de la creación de puestos de trabajo son, entre otras: los programas de extensión de las coberturas de desempleo y de trabajo compartido, la reevaluación de los salarios mínimos y de salarios subsidiados, así como el robustecimiento de los servicios de empleo público, los programas de obra pública y los incentivos a las empresas (que tienen impacto observable en el empleo y en los ingresos).”
Y quinta:
“En quinto lugar, para ser efectivos, los paquetes adicionales de estímulos no pueden poner en riesgo la sostenibilidad de las finanzas públicas incrementando más la deuda pública. A este respecto, un gasto público plenamente respaldado por aumentos en la recaudación puede todavía proporcionar un estímulo a la economía real merced al multiplicador del presupuesto equilibrado. En tiempos de demanda caída, expandir el papel del estado en la demanda agregada ayuda a estabilizar la economía y adelanta un estímulo nuevo, aun si el incremento del gasto está plenamente respaldado por aumentos simultáneos en los ingresos fiscales. Como se sostiene en el presente informe, los multiplicadores del presupuesto equilibrado pueden ser amplios, especialmente en el actual ambiente de capacidades masivamente subutilizadas y altas tasas de desempleo. Al propio tiempo, el gasto equilibrado con ingresos fiscales más altos asegura que el riesgo presupuestario se mantiene lo suficientemente bajo como para satisfacer a los mercados de capitales.”
Generalistas sin doctorados y pueblo llano llevan AÑOS pensando esto a lo que finalmente han llegado los expertos en el tema. Las conclusiones 3 y 5 llegan con tres inviernos de retraso y unos cuantos millones de pobres después… La indigencia intelectual de los nobles del imperio se ha establecido en la más pura criminalidad. Todos saben que se equivocan pero eh, este no es el momento de asumirlo… A ver si adentrándonos más y más en el agujero terminamos por encontrar algo de luz. Hasta que nos sumamos en la Gran Depresión que parecen estar buscando.
Les resumo el proceso, por si me lee algún cobarde gnoseológico de la era 2.0, tan amiga de los extractos y tan enemiga del pensamiento largo: se recortan salarios, se recorta gasto público, entonces la gente gasta menos, luego la economía productiva se sobrecarga de stocks y finalmente quiebra.
Pim, pam, pum. Fuera ingreso, fuera gasto.
Esto por un lado.
Por otro lado, empieza a parecer una enfermedad del pensamiento (casi un defecto del aparato lógico de la raza humana; ¿tal vez una anomalía en el hemisferio izquierdo? ¿neuronas suicidas? ¿conexiones sinápticas inertes?) esto de pensar que todos los antropomorfos tenemos que trabajar asalariadamente y, además, adaptarnos a cualquier imbecilidad propuesta por el mercado.
Si subimos el foco se puede ver la imagen completa del camino recorrido hasta este cénit de idiocia macroeconómica. Claro que hace falta dejar la visión economicista a un lado, si son ustedes capaces. El caso es que un montón de procesos se han alineado para hacer de nuestra fuerza de trabajo una energía cada vez más innecesaria. En los últimos cien años se ha industrializado el campo, eliminando el trabajo en un 90% en el sector primario y forzando un desplazamiento a la ciudad de toda la fuerza de trabajo sobrante. En segundo lugar, y paralelamente, se ha producido un importante avance en la robotización de las cadenas de producción, forzando otro desplazamiento del segundo al tercer sector. Posteriormente, se ha reventado la burbuja inmobiliaria (obsesionada por construir una cabaña superflua de viviendas para segundas y terceras residencias). Y para completar la escena, dos ondas seguidas de automatización de procesos (la segunda de ellas innecesaria, de puro embellecimiento web) han consigido que cada vez más dueños de los procesos automatizados desistan de la absurda renovación permanente de su infraestructura tecnológica. Para qué, observan razonablemente. Ello pone en cuestión el actual modelo TIC y en el abismo su inmenso nicho de trabajo…
Colateralmente, deslocalización (este y ese trabajo se van allí), financiarización (creación de dinero sin trabajo asociado) y desalienación (población creciente despierta y sin ganas de trabajar).
Supongo que he mezclado en un totum revoltum procesos de onda larga con procesos de onda corta. Mis disculpas a los sociólogos. En cualquier caso, sirve para concluir que este cúmulo de factores dibujan un escenario que, en términos científicos, queda “tirando a complicadillo”. Y sólo será posible conseguir los 600 millones de puestos de trabajo que hacen falta de tres maneras:
1. Repartiendo el poco trabajo que hay, con la precarización que eso conlleva. ¡Una división del trabajo antifordista!… para la reducción de la productividad en terminos netos.
2. Regreso al decadente esplendor colonial: recuperación de oficios olvidados e innecesarios. Ascensoristas, mocosos llenándote la bolsa del supermercado, serenos, gorrillas con licencia municipal, etc… Un poco lo que ya se está haciendo con jerga posmoderna: y si no piensen en esos encargados de la compra para los ricos denominados personal shoppers. Lo que viene a ser el nicho de stupid bussiness del nuevo emprendedoriado. Esclavitud vestida de seda.
3. Desindustrialización. Vuelta al trabajo a escala humana. Talleres y productos duraderos. Una generalización del modelo slow/eco o como quieran ustedes llamarlo. Back to the roots.
Otra vez año nuevo
enero 12, 2012
No hay época en el año más desagradable que su final, cuando nos regurgitan en videos e infográficos lo que vale la pena recordar. Que “hemos” ganado esto y aquello y que, alégrese telespectador, porque los deportistas de élite en España están hoy más en la élite que nunca. Aparte, un señor de Mataró ha estado en el punto exacto del polo sur, en la Antártida, y ha constatado que, efectivamente, allí no hay nada, lo cual refrenda nuestra petición de que el espíritu de superación figure de una puta vez en el catálogo DSM en su apartado de neurosis obsesivas. Y todo esto respecto a las cosas de la vida y los deportes. Luego está el asunto del dinero. Perdón, las mayúsculas: El Asunto del Dinero. 2011, sobretodo, ha sido un año de profundización en la crisis, porque los mercados ante el déficit, ya se sabe, tienden a contraerse y propician un gran aluvión de metáforas: inyecciones, rescates, recortes, mandobles y enroques. En mi jerga: porculizaciones. Los videos resumen del año muestran indignados-transición rápida-parquet-gusanos con corbata y, en general, lo de siempre: ¿1975 o 2011? El esquema básico vuelve a ser el mismo. Hay un cerdo capitalista arriba y la masa enfurecida bajo su pie. Muy old school todo, aunque entremedio hayamos tenido un breve paréntesis de posmodernismo.
Yo no sé qué más se puede aportar sobre el gran fraude del capitalismo financiero, ahora que casi todos los economistas en el planeta (por lo menos los que no trabajan a sueldo de corporaciones y gobiernos) están dedicados desde hace meses al desensamblaje y la denuncia de las teorías oficiales: que no, que ahorrar ahora no sirve, sólo empeora las cosas, que endeudarse es la base de la propia reproducción económica e incluso de las células de economía familiar… Aaay, pero por allá por las alturas tampoco es que escuchen demasiado. Al fin y al cabo, primero van los intereses de clase y luego se hace teoría a medida. Hasta que no se la peguen de nuevo, y de forma aún más gorda y sonora, no darán su patita a torcer. Aunque si he de ser sincero, tampoco siento demasiada inclinación a sumarme a las voces que quieren hacernos retroceder a los tiempos de antes de la tormenta, hasta el capitalismo productivo, allí donde todo era mejor y la socialdemocracia funcionaba. Oh, qué tiempos aquellos… Pe… pero, un momento, aquello tampoco estaba funcionando demasiado bien ¿recuerdan? Sí… ¿Han olvidado que todos salimos a la calle porque la reforma laboral tralarí, la ley de extranjería tralará, el FMI fíjate tú qué hijosdeputa y la UE menuda unión de majaderos liberales?
Conclusión: este régimen económico actual no me sirve, gracias, pero no se preocupen en traerme uno nuevo. Ya nos arreglaremos nosotros.
Aunque sí, coincido con la mayoría de radicales en que era un poco más agradable, o por lo menos, que no se atrevían a decir barbaridades como estas que se escuchan últimamente: “la sanidad tiene que ser rentable”, “a vuestros hijos tienen que educarlos en la Empresa”, “ahora no es el momento de buscar las causas sociales de la crisis”, “los empresarios tienen derecho a contratar durante segundos y pagar fracciones de céntimo”, “ésta es la única opción que tenemos”… Algunas oraciones están hinchadas, pero todas conservan el sentido original. Sólo me falta escuchar un “os vamos a matar a todos”. Si no fuese porque les hace falta nuestra fuerza de trabajo…
Todo el párrafo anterior ha sido un intento de decirles que las cosas, con lo sencillas que son, se nos han complicado demasiado. Taibbi recomienda colocar guillotinas al sur de Manhattan. Me sumo a la propuesta. Nosotros colocaremos otra en Passeig de Gràcia. Y no hay mucho que yo pueda añadir al clamor del 15M que todavía resuena. Para lo que pueda servir, les dejo con el gran David Graeber, a quién no conocía hace 15 días, y a quien, gracias a la recomendación de Perla Primicias, hoy invitaría de buen grado a que me hablase durante siete horas sobre democracia, deuda, parentesco y monetarismo frente a una jarra espumosa de una IPA amarguísima. Ahí van dos párrafos seleccionados de Fragmentos de una antropología anarquista, el primero sobre el trabajo asalariado, y el segundo sobre la violencia política, mis asuntos sociales predilectos:
Lamento tener que decir esto, pero la interminable campaña para naturalizar el capitalismo reduciéndolo a una simple cuestión de cálculo comercial, lo que sería equivalente a afirmar que se remonta a la antigua Sumeria, clama al cielo. Al menos necesitamos una teoría adecuada de la historia del trabajo asalariado, y de otras relaciones similares, ya que, después de todo, es al trabajo asalariado, y no a la compra y venta de mercancías, a lo que dedica la jornada la mayoría de humanos y lo que los hace sentirse tan miserables. (Aunque los miembros de la IWW no se definiesen como anticapitalistas, muchos lo eran, llegando a manifestarse «contra el sistema del salario».) Los primeros contratos salariales que se conocen fueron en realidad los de los esclavos. ¿Qué os parece un modelo de capitalismo surgido de la esclavitud? Donde algunos antropólogos como Jonathan Friedman afirman que la esclavitud no era más que una versión antigua del capitalismo, nosotros podríamos argumentar fácilmente, de hecho con mucha más facilidad, que el capitalismo moderno es en realidad una versión renovada de la esclavitud. Ya no es necesario un grupo de personas que se dedique a vender o alquilar a otros seres humanos, nos vendemos nosotros mismos. Pero en definitiva no existe una gran diferencia.
(…)
A los académicos les encanta la teoría de Foucault que identifica conocimiento y poder y que insiste en que la fuerza bruta ya no es un factor primordial en el control social. Les gusta porque les favorece: es la fórmula perfecta para aquellos que quieren verse a sí mismos como políticos radicales aunque se limitan a escribir ensayos que apenas leerán una docena de personas en un ámbito institucional. Por supuesto, si cualquiera de estos académicos entrara en una biblioteca universitaria para consultar un volumen de Foucault sin acordarse de llevar una identificación válida, decidido a hacerlo contra viento y marea, descubriría rápidamente que la fuerza bruta no está tan lejos como desearía creer: un hombre con una gran porra, y entrenado en su uso contra la gente, entraría pronto en escena para echarlo.