¡Qué razón tienes, Reyes!
junio 18, 2010
He aquí una verdad tan grande que hasta tiene patas y camina sola:
Reconozcamos que no es fácil asumir que trabajaremos menos porque eso va a significar que ganaremos menos y que, por tanto, consumiremos menos. Para reconciliarnos con el futuro que nos espera habría que valorar mejor el gesto gratuito, el no hacer nada productivo, es decir, la contemplación o el verbo.
A vueltas con la Diagonal
mayo 11, 2010
Vayamos a las claras: voy a participar en la consulta sobre la Diagonal y voy a votar la opción A. ¡Oh, qué lamentable, un anarquista embaucado por el caramelito municipal! Pues sí, aunque parcialmente. Y supongo que ahora toca argumentarlo todo mucho. Bien, pues no perdamos más tiempo.
Supongo que lo primero sería hacer una breve explicación de cómo hemos llegado hasta aquí. La línea corta queda descrita por un abrupto descenso de la popularidad de Hereu, motivado sobretodo por la degradación de las zonas museificadas y turistificadas, que el alcalde intenta salvar a la desesperada con las olimpiadas de invierno (¡¡en Barcelona!!) y con esta ofensiva de obra pública consensuada.
La línea larga de la explicación, sin embargo, trazaría un recorrido algo más extenso: desde las iniciativas europeas de pacificación de la ciudad (véase Londres, Berlín o Amsterdam) hasta el plan del PSC de liberar a Barcelona de ruido, polución y hacerla, en definitiva, más apetecible para el visitante (en su concepción del espacio urbano, a los vecinos nos pueden dar mucho por el culo). En los últimos años, con la peatonalización de grandes áreas de la ciudad, el ayuntamiento ha comprobado cómo se conseguían tres efectos diferentes, todos ellos muy desables: primero, la recolocación del tránsito turístico sight-seing -de cámara al cuello, mapa en mano y monedero lleno- a las zonas pacificadas; segundo, la articulación espontánea en las zonas peatonales de grandes ejes comerciales, retículas de centros comerciales a cielo abierto de notable éxito económico (contra el credo empresarial cegato de “no-cars-no-money”); en tercer y último lugar, se ha comprobado que, lejos de colapsar las áreas circundantes a las zonas peatonalizadas, la pacificación de grandes zonas de la ciudad desincentiva el úso del automóvil y promueve el uso del transporte público (y además, invalida malos augurios como las habituales y malintencionadas proyecciones del parque automovilístico actual a las áreas pacificadas). Por supuesto, y aunque estos efectos sean en cierto modo positivos, no pueden encuadrarse dentro de la vocación de servicio público del ayuntamiento. Todo es, sencillamente, una coincidencia. En este caso concreto, al contrario de lo que suele suceder en el resto de dominios de la vida cotidiana, los intereses de la pequeña burguesía socialdemócrata coinciden con los del populacho, que ve como su ciudad gana unos cuantos enteros en “habitabilidad”.
Es decir: que por un lado tenemos la historia de “redención” política de un imbécil que quiere mantener a flote su proyecto de ciudad-empresa y por el otro un plan urbanístico-político-empresarial perfectamente estructurado.
Ahora, tras dar cuenta de las “líneas” históricas que convergen en la reforma, surge de ellas una gran incógnita: respondiendo como responde el proyecto a los intereses del PSC en tanto que garante del conglomerado turístico y tecnológico instalado en la ciudad ¿cómo puede ser que los medios de la burguesía catalana hayan estado salvajemente en contra de la reforma? ¿Como puede ser que El Periódico y La Vanguardia hayan aludido al “caos viario” y al “derroche presupuestario” durante meses -y a razón de artículo a doble página diario- para convencer al respetable de la inconveniencia de la reforma de la Diagonal? ¿Por qué es la primera vez que estos medios ondean estas preocupaciones tan ecológicas, tan socialistas y tan poco burguesas? En realidad, esto es fácil de responder: porque la burguesía catalana (o al menos, toda la que no representa al sector más dinámico vinculado al turismo y la tecnología) está exactamente allí, en la Diagonal: la Cámara de Comercio, el Círculo Ecuestre, las oficinas de la Vanguardia, la sede de Convergencia i Unió (C/Córcega a 50m de Jardinets), los despachos de abogados más ilustres (Cuatrecasas, Roca…), la mitad de los notarios de Barcelona, el Banco de Sabadell… Y ahora: ¿cómo están acostumbrados a moverse todos los habitantes de estos los principales nódulos del capital catalán? Otra vez, una respuesta fácil: motorizados en sus vehículos de cinco plazas y gran cilindrada.
Atravieso dos veces cada día en autobús el tramo expuesto a la reforma, y sé exactamente qué se mueve en la Diagonal. En transporte público, personal administrativo de los despachos de profesionales y personal de servicio (mayormente, mujeres bolivianas, ecuatorianas y marroquís). En transporte privado, una inmensa tropa de hombres encorbatados conduciendo solos. ¡Qué formidable cantidad de gilipollas viajan solos por los carriles centrales de la avenida en sus fantásticos automóviles oscuros! ¡Qué fantástico ejército de cincuentones blancos con sobrepeso y con atrofia en la glándula que inhibe la vanidad en el córtex cerebral!
Son los que ahora atacan desde los medios con argumentos como “¡oh, ahora no es el momento de reformar la Diagonal!”, “¡Hay crisis!”, “¡Hereu se ha vuelto loco!” ¿Ein? ¿Mandee? ¿De qué coño estáis hablando? ¿De donde viene esta súbita sensibilidad contra el urbanismo faraónico? ¿Dónde estaban todos ellos mientras nos endosaban el AVE, el Forum o las circunvalaciones salvajes que ha perpetrado el PSC en su fúnebre trayectoria política? Esta sensibilidad esconde muy mal enormes intereses de clase, y es que la preocupación principal es en realidad esta otra: ¿cómo llegaré a mi despacho de la notaría desde mi casita en Vall d’Oreig?
Los dirigentes y empresarios siempre han distinguido entre lo “caro” y lo “costoso”: cuando les toca pagar a ellos, hablan de “lo caro” y esto siempre es inconveniente; por otra parte, lo “costoso” se asocia a un “esfuerzo de modernización”, al “sacrificio que hace la sociedad catalana”, etc, etc. Lo “costoso” no les ha preocupado nunca. Por eso no cuelan sus razones. Que ahora, espontánea y episódicamente, manifiesten alguna sensibilidad social es una auténtica paparrucha. Ellos se han mantenido siempre físicamente al margen de toda reforma. Lo habitual es que ellos fomenten las reformas y que éstas les beneficien (por ejemplo, abaratando el transporte de mercancías y mejorando la tasa de beneficios) pero nunca que les afecten: los mandamases y los profesionales de élite habitan sus propias áreas arboladas, como las ardillas, o se mueven por zonas desconflictivizadas como Pedralbes y Sant Gervasi. No salen demasiado de su burbuja, pero sin embargo ahora, una colisión entre centros de interés del capital va a reventar su precioso espacio virginal… Como decía antes, se trata de algo parecido a una “guerra civil” dentro de la burguesía. El sector socialdemócrata representado por el PSC, vinculado a las TIC, la restauración y el turismo, se enfrenta al democristiano de CIU, vinculado a las finanzas, el mercado inmobiliario y los servicios económicos y jurídicos.
De forma inaudita, el plan de los primeros consiste en arrinconar al automóvil (de 8 carriles a sólo 2 y de servicios), mejorar el transporte público (conexión del tranvía) y ceder espacio a los peatones con una media de cinco metros más de acera por proyecto (tanto el A como el B). ¿Es esto bueno o no es bueno? Por una vez en la vida, lo sensato y lo ecológico se ha aliado contra los intereses de un sector que me parece profundamente odioso. En estas condiciones ¿Cómo quieren que me abstenga? Quedarse al margen odiándoles a todos, aunque me apetece, sólo va a conseguir que la Diagonal se quede como está: una avenida sin vecinos, enferma de humo y ruido.
Y si no triunfa la reforma, como comentaba un amigo hace poco, lo mejor es que dinamiten entera y dejen que crezca la maleza.
Siempre será mejor que lo que hay ahora.
Esos huertos degradantes
febrero 2, 2010
No puedo evitar aplicar la lupa sobre los artículos que hablan de urbanismo/turismo -algo que ya es una misma categoría en Barcelona-. Sobre el nuevo Hotel Porta Fira, el cuarto hotel de superlujo abierto en el último año, hoy escribía Lluís Tusset en el Artículo “Europa Toma Aire” de la edición local de ADN:
Este original rascacielos ha de ser un impulso al distrito económico que entre Barcelona y l’Hospitalet se está configurando desde finales de los noventa, convirtiendo una zona degradada que aún tenía huertos en un polo económico con 335.400 m2 repartidos en 34 edificios, principalmente viviendas y oficinas.”
En un sólo párrafo se han producido dos resbalones ideológicos.
Lo primero, tomar a los ‘huertos’ como prueba de degradación. ¿Qué tienen de malo los huertos? Nada, claro. Lo que quiere decir el autor es que ¿a quién se le ocurre tener un huerto donde puedes encamar a dos mil ejecutivos por 150 euros la noche? Pero insisto: los huertos no equivalen a la mala imagen de una zona ni deben ser indefectiblemente sustituídos por viviendas y oficinas. Los huertos han sido la base de la subsistencia humana desde el abandono de la vida nómada.
El segundo resbalón, éste algo más inocente, es aclarar que los 335.400 m2 (datos espectaculares pero inútiles, dada la escasa imaginación espacial de la mayoría -en la que me incluyo-), los 34 edificios, son o van a ser “principalmente viviendas y oficinas”. ¿Qué otro uso pensaba el autor para los edificios? ¿Hoteles? Bueno, ya hay cuatro en la zona. Pero vaya, que ese es el uso que la civilización moderna ha dado a los edificios. Viviendas y oficinas, principalmente.
Seguidamente, y aquí ya no hay resbalones ideológicos sino contexto puro y duro, otro párrafo ofrece unas esclarecedoras declaraciones del gerente de Cushman & Wakefield, que, pese al nombre, no se trata de unos funambulistas de Brooklyn ni una asociación de vendedores de linimento, sino una de las principales consultoras/constructoras internacionales. El hombre dice más o menos así:
la plaza Europa es “una apuesta sólida”, ya que “el mercado de oficinas se había quedado estancado”. Así, ofrece oficinas nuevas de 4.000 m2 en una sola planta, algo que “en el centro de la ciudad” no se encuentra. Además está junto a la Fira y el aeropuerto, llegará la L9 de metro y tiene buena conexión con las zonas residenciales que más frecuentan los directivos.
Ahí queda todo claro: los directivos. Ah: se trata de un huerto de directivos. Por fin se entiende algo.
Y más adelante:
La apertura del hotel Porta Fira “dará vida”, según Barrechina, a una zona en la que aún hay edificios vacíos, como las dos torres que levantó Martinsa Fadesa y que ahora están en manos de Banif e Inbusa.
Muysa biensa, pues ya no me queda nadasa que añadirasa al artuculasa. Buenasa tardasa a todasa.
Pequeño homenaje a San Cosme
julio 24, 2009
“¿¡Los jueces!? Los jueces de ahí al frente son los primeros que van a mercadillo y se ponen ciegos a comprar cosas caídas del camión. Les importa un pito si es robado o no mientras sea barato”.
“Antoniu”, funcionario de la Administración de Justicia.
“El tour ha hecho que Barcelona se posicione definitivamente como marca global”
Jordi Hereu, Alcalde y gurú del Marketing Urbano, a la hora del desayuno en la televisión de la esquina del Bar.
“Mi hijo quiere ir a estudiar a Tarragona ¡¡¡Tarragona!!! ¡Se tendrá que levantar a las cuatro de la mañana!”
Jacinta, Procuradora de los Tribunales , exagerando.
“¿Cómo no va a haber paro? Dicen que es porque la economía se ha colapsado, pero es mentira. ¿Cuántos millones de parados hay? ¡4! ¿Y cuántos millones de inmigrantes? ¡4 también! Hay que mandar a casa a todos los que no tienen trabajo…”
Alí, procedente de Mauritania y xenófobo.
“Y no sólo eso. El 20% de la población está en paro, pero eso no es lo peor: ¡un 37% de ellos son jóvenes!”
Pepe, propietario del Bar, en respuesta a Alí.
“¡Tú! ¿no quieres dos frascos de pantene por cinco euros? ¡¿Cómo que no?! ¡Que yo no gano nada! ¡Eh! ¿Es que no te lavas el pelo?”
Un gitano de San Cosme gritándome.
“Ahora no es momento de comprar ni de vender. Ahora no es momento de nada”
Pepe otra vez. En referencia al sector inmobiliario.
“¿Atún otra vez? Nada de Atún. ¡Déjate de atún! Hoy te hago uno de tortilla de sobrasada. ¡Vasavertú!”
Tamara, hija de Pepe, negando mi elección con estilo.
“El horario es de nueve a tres, pero a la una y media nos vamos todos”.
Àngels, oficial de Justicia.
¡Venga Equipamientos!
julio 22, 2009
A finales de los 80 y principios de los 90, se inició la remodelación de la Zona Franca en Barcelona. Una operación de saneamiento social y urbanístico no declarada. Como en todos estos casos, el Ayuntamiento interpuso causas ajenas a sus verdaderos motivos. Según ellos, no se trataba tanto de eliminar las comunidades de gitanos y payos charnegos, que pese a tener viviendas con techo, vivían literalmente en la calle y a base de trapicheos de todo tipo. No, para el ayuntamiento era “dinamizar” la zona como “enclave logístico”. Un enlace entre la ciudad y el puerto de mercancías. También se habló, como siempre se habla cuando se destruye un tejido social molesto, de “dignificar” el barrio. Son muchos años de socialdemocracia aplicada. Muchos años de jerga mentirosa. Así, las casas unifamiliares, la convivencia a pie de calle se cambió por edificios de siete plantas y un nuevo entramado de calles más expuesto al asalto rápido de las fuerzas del orden. Antaño un coro de voces daba el aviso en caso de redadas. Ahora ya no había lugar para ello. Ese desmantelamiento sacudió sobretodo el punto de abastecimiento de heroinómanos, una zona de viviendas sociales denominado Las Casas Baratas. Junto a Can Tunis, las Casas Baratas eran el destino del peregrinaje de los muertos vivientes. Desde todos los puntos de Barcelona, hacia allá viajaban con sus caras cadavéricas, con sus andares programados, como dirigidos por un gran mando a distancia. Otro pico, otro pico…
La suma de operaciones de demolición/dignificación hizo cada vez más difícil el narcotráfico en la zona sur de Barcelona y desplazaron el grueso del negocio hacia la zona aledaña al Aeropuerto, en concreto, hacia el barrio de San Cosme, en El Prat del Llobregat. Con esta gran traslado de operaciones, el barrio de Sant Cosme, compuesto fundamentalmente por gitanos y trabajadores emigrantes –en el propio Sant Cosme hay un inmenso polígono con un buen puñado de fábricas (Cervezas Damm, Cadbury, Ibercarretillas…)-, comenzó a padecer fortísimos conflictos sociales. Una amplificación desproporcionada de los que habitualmente se derivan del consumo de heroína: pequeños hurtos, robos con violencia, intimidaciones… En poco tiempo, los desencuentros entre los vecinos se “racializaron” en un esquema básico de payos vs. gitanos. Se registraron un buen número de palizas a drogadictos y de trifulcas entre ambas comunidades. Sobretodo en la zona conocida como la de las Casas Blancas, frente a la Cervecera Damm. Como consecuencia se creo un frente vecinal contra el narcotráfico cargado de fuertes consignas racistas y se organizaron patrullas vecinales.
La solución, como siempre, vino de arriba. Y fue, por lo que se puede ver hoy, todo un acierto a corto plazo. Un acierto siempre según el criterio de la sociología de gobierno, que mide el éxito de sus políticas por la inexistencia de conflictos violentos. La verdad es que la solución no distó demasiado de la impuesta en Can Tunis o en las Casas Baratas, sólo que en Sant Cosme hubo un cierto respeto por el (des)orden urbanístico preexistente. En diez años, la socialdemocracia ha hecho un despliegue de recursos que no he podido ver en ninguna otra zona del área metropolitana. Este barrio de El Prat ha pasado a alojar una de las mayores comisarias de los Mossos d’Esquadra, uno de los mayores centros cívicos de Catalunya (más de 3.000 m2), un ambulatorio nada despreciable, dos escuelas públicas nuevas, una sede de juzgados también nueva, una zona verde gigantesca… Todo junto a edificios remodelados y/o reconstruidos, sobre aceras nuevas y con plazas de parking gratuitas para todo quisque. Es cierto que la mayoría de estos equipamientos no me parecen ninguna mejora en absoluto, pues mi percepción es contraria a la de la mayoría, pero viendo todo lo que se ha hecho, no me extraña que se haya logrado una relativa docilidad con la transformación del barrio. La verdad es que, del Sant Cosme que yo visité hará trece años a este de hoy media un abismo. Pero el saldo dista mucho de ser positivo. Es una huída hacia delante. El barrio sigue viviendo inmerso en el desempleo y la economía informal. Los mercadillos de objetos robados surgen espontáneamente aquí y allí. La población gitana sigue al margen.
Si algo ha demostrado el estallido de la banlieu francesa es que la construcción desmesurada de equipamientos y edificios públicos no es ningún antídoto contra la exclusión social, y que pese a que se preserve con garantías la salud de la comunidad y se asegure una educación pública para todos, cuando no hay acoplamiento entre una zona y la economía terciaria (el único sector superviviente en la liquidación actual), nadie está a salvo del desempleo. ¿Servicios? ¿Turismo? ¿En Sant Cosme? ¡Por el amor de Dios! Y por si fuera poco, lo que queda de la industria en El Prat padece hoy ERE tras ERE. En el último año han cerrado tres grandes empresas. El cierre más sonado: Cadbury (Trident). 170 personas a la calle. Acordaos de ello cada vez que mastiquéis sus infames nuevos chicles 2.0 con sabor a brisa mediterránea y jengibre fresco con hierbabuena y estragón.
Sant Cosme ha quedado como una mina de mano de obra precaria para el Aeropuerto. Una inmensa zona de cobro de prestaciones sociales. Ahora bien, da gusto caminar por sus calles y comprobar el inmenso despliegue presupuestario con el que les ha bendecido la socialdemocracia. A decir verdad, da un gusto bastante cabrón y primermundista. Lo pone todo en perspectiva: esto es todo lo que puede llegar a hacer la socialdemocracia por alguien. Por lo menos, los parados podrán practicar bailes de salón ¿verdad?