Lo bueno hecho por las malas

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marzo 25, 2010 por carlosalonsoromero

Manifestantes antireforma junto a un seguidor del mítico grupo de Hc Anarcopunk Hell No

El Estado debe ser corto, en esa pequeña parte estoy de acuerdo con los ultraliberales americanos. En todo lo demás, estamos en las antípodas. Yo creo que esa escasez de Estado debe estar precisamente en los aparatos militares y represivos. Y ahí es precisamente donde a los ultraconservadores les gusta un Estado largo.

La cobertura universal sanitaria y de educación es, fundamentalmente, lo único que deseo de una organización centralizada. Una sanidad descentralizada es muy poco práctica. Cualquier dolencia extraña o enfermedad rara nos condenaría a tratar con un médico generalista (a menos que tuviésemos la suerte de tener por vecino a un cirujano especializado en lo que nos duele) o a emprender un largo peregrinaje de hospital en hospital hacia quién sabe donde. Ciertos recursos, por su uso excepcional, por economía, deben estar al alcance de todos. Igualmente, una educación descentralizada está destinada a descuidar del todo la universalidad y a construir patrias y hombres cada vez más pequeños, a hacer ciencia del terruño.

Por eso considero un craso error la reforma sanitaria estadounidense. Porque aunque asegura la cobertura universal, queda fuertemente descentralizada. Y peor aún: a merced de las corporaciones.

Mal comparado, es como si, en previsión de probables problemas de deshidratación nos hiciesen comprar a todos quince botes de Nutrimax o, en su defecto, veinte de Nutrimuch. Lo más económico y práctico es que una agencia central acopie Nutrimax y Nutrimuch suficiente (de forma que no se compre más del necesario para enriquecer injustamente y a costa de todos a Nutrimax Corp. y a Nutrimuch Associates) -o mejor: que lo fabrique- en las dosis necesarias para asegurar la provisión en casos de deshidratación. No tiene sentido obligar a todos los ciudadanos a enriquecer a las corporaciones. Es por eso que, aunque la reforma Obama traiga algo mejor que lo inmediatamente anterior, en esencia es la realización de algo bueno por medios profundamente erróneos. Es como embellecer un páramo convirtiéndolo en un pantano. Seguro que un pantano es mejor que un páramo pero, qué demonios, ¿no queríamos un jardín?… Sobretodo, cuando resulta mucho más barato y más fácil que inundar el páramo y llenarlo de manglares.

Pero eso no es lo que protestan los conservadores. Ellos lo que prefieren es que cada uno compre Nutrimax según su capacidad económica. Y que unos tengan quinientos botes y otros no tengan ninguno. El que no tenga, que se joda, que se muera de sed: haber prosperado, no haber nacido pobre. Eso, en contra de sus argumentos, no tiene nada que ver con la libertad. Eso en todas partes se ha llamado siempre por otro nombre: privilegio.

Casi vomito cuando escuché a un cenutrio confederado en las puertas del capitolio hacer el siguiente razonamiento: “esta reforma atenta contra nuestra libertad, yo puedo elegir no conducir y por tanto, no contratar un seguro de automóvil, pero ahora el Estado nos obligará a contratar una póliza de salud”. Muy bien, Billie Ray, ahora me gustaría ver cómo eliges no ponerte enfermo de cancer de tiroides. Realmente, es un error de razonamiento que equipara la libertad con la carencia absoluta de garantías sociales.

Aquí, por mucho que se quiera marear a perdiz, no se trata de un asunto que enfrente al Estado contra los ciudadanos, sino a las corporaciones de seguros contra el Estado y los ciudadanos. Sorprende la facilidad con la que se ha engañado a la gente escamoteando el agente principal del debate y enfrentando a los “partidarios de la libertad en América” contra el partido demócrata, una agrupación conservadora y capitalista con ligeros tintes progresistas.

Esta semana pasada, un buen número de patriotas gilipollas han incendiado sedes del partido demócrata. En general, me parece una buena idea, aunque nunca realizado por esta gente y nunca por estas razones. Y es que el día que se prenda fuego al parlamento, lo primero será ver quién lo hace: si lo hacen los conservadores, iré rápido al aeropuerto con toda mi familia. Si, en cambio, lo hacen hombres verdaderamente libres, danzaré en pelotas junto a las llamas.

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