Gidia

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marzo 30, 2010 por carlosalonsoromero

Por si quedaba alguna duda sobre lo que el turismo puede hacerle a la gente, un anuncio de Destinia se encarga, contra sus propias intenciones, de recordarnos sus secuelas sicológicas. Lo he visto hoy en el metro y me ha encantado, la verdad. Aparece un señor con aspecto de Clark Kent desaliñado sosteniendo un bistec con palillos chinos. El eslogan reza: “quince días en China pueden cambiarte la vida”. Está clarísmo que, a menos que nos refiramos a Mauthausen, quince días en cualquier sitio son incapaces de cambiar nada, por lo que el anuncio sólo puede interpretarse como una denuncia de la superficialidad del turista.

El pobre hombre que sostiene el bistec como si fuese un pedazo de pato lacado ha querido conocer tanto en tan poco tiempo que ha acabado al borde de la oligofrenia.

Además, disfruto imaginándome el momento en el que los de la agencia de publicidad, inconscientes del poder destructivo de su propia creación, llegaron con este autosabotaje al despacho de los directivos de Destinia. ¡Qué escena tan formidable! El momento en que descubrieron a Clark Kent, los palillos y el bistec, la cara de poker del Director de Marketing de Destinia, los segundos de duda abisal en que los directivos sintieron ganas de matar humanos y el momento final de distensión en que el Subdirector, desafiando cualquier signo de inteligencia humana, gritó “¡Me gusta!”, haciendo que el Director de Marketing se sumase cobardemente con un estentóreo ¡A mí más!

Pero ya que estamos arremangados, vamos a sacarle punta a todo: el nombre Destinia viene a corroborar el complejo de culpabilidad del Capital. Qué dolor de conciencia. Se sienten tan mal vendiendo lo que venden que ya no les vale, por ejemplo, “Viajes Pérez” o, pongámonos algo más refinados: “Travelclass”. La puta enfermedad del valor añadido se filtra en todos los rincones del hacer empresarial. En realidad, es muy comprensible: si todos venden lo mismo al mismo precio ¿qué puede importarle a la gente la marca? Ahí es donde deciden entregarse directamente a la mentira: hagamos que semejante sinsentido, el gastazo en marketing, el aumento implacable en los márgenes del plusvalor, tenga correspondencia con algo cuasimágico. Y ese es el punto en el que entran, entre otras muchas tácticas de diferenciación, los nombres repúblicas exóticas de inspiración Marvel (Latveria, Wakanda…). En todas partes han proliferado empresas que apelan a nuestro yo aventurero. Hasta un puto bufete de abogados que hay en la Avda. Diagonal ha osado hacerse llamar Abogalia. Por el amor de Dios ¿qué clase de enfermo se sentiría a gusto en la República de Abogalia? Sólo imagínenselo. Mazas, básculas, calabozos, pleitos… ¡Uagh!

La cosa es ponerle el sufijo -ia o -lia a cualquier palabra y sea cual sea el negocio. Privalia, Azertia, Negocia, Valoria, Imbecilia y todo lo que a ustedes se les ocurra. Pero qué quieren que les diga: a mí esta gilipollez sólo consigue recordarme al gran Hill Hicks y su gag de los Gideons, aquellos locos cristianos que dejan biblias en las habitaciones de los hoteles estadounidenses.

“¿Who the fuck are the Gideons? ¿Have you ever seen one? ¿Where do they live? ¿In fuckin’ Gidia?”.

Creo que luego el gag deriva en una escena de caza. Hicks apostado tras el escritorio de una habitación de hotel con una escopeta hace una llamada a recepción:

-Can’t find a bible in my room: send in a Gideon.

-¡Bang!

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2 pensamientos en “Gidia

  1. Uri Amat dice:

    O manden a Billy Ray Cyrus, en su defecto.

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