A vueltas con la Diagonal

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mayo 11, 2010 por carlosalonsoromero

Vayamos a las claras: voy a participar en la consulta sobre la Diagonal y voy a votar la opción A. ¡Oh, qué lamentable, un anarquista embaucado por el caramelito municipal! Pues sí, aunque parcialmente. Y supongo que ahora toca argumentarlo todo mucho. Bien, pues no perdamos más tiempo.

Supongo que lo primero sería hacer una breve explicación de cómo hemos llegado hasta aquí. La línea corta queda descrita por un abrupto descenso de la popularidad de Hereu, motivado sobretodo por la degradación de las zonas museificadas y turistificadas, que el alcalde intenta salvar a la desesperada con las olimpiadas de invierno (¡¡en Barcelona!!) y con esta ofensiva de obra pública consensuada.

La línea larga de la explicación, sin embargo, trazaría un recorrido algo más extenso: desde las iniciativas europeas de pacificación de la ciudad (véase Londres, Berlín o Amsterdam) hasta el plan del PSC de liberar a Barcelona de ruido, polución y hacerla, en definitiva, más apetecible para el visitante (en su concepción del espacio urbano, a los vecinos nos pueden dar mucho por el culo). En los últimos años, con la peatonalización de grandes áreas de la ciudad, el ayuntamiento ha comprobado cómo se conseguían tres efectos diferentes, todos ellos muy desables: primero, la recolocación del tránsito turístico sight-seing -de cámara al cuello, mapa en mano y monedero lleno- a las zonas pacificadas; segundo, la articulación espontánea en las zonas peatonales de grandes ejes comerciales, retículas de centros comerciales a cielo abierto de notable éxito económico (contra el credo empresarial cegato de “no-cars-no-money”); en tercer y último lugar, se ha comprobado que, lejos de colapsar las áreas circundantes a las zonas peatonalizadas, la pacificación de grandes zonas de la ciudad desincentiva el úso del automóvil y promueve el uso del transporte público (y además, invalida malos augurios como las habituales y malintencionadas proyecciones del parque automovilístico actual a las áreas pacificadas). Por supuesto, y aunque estos efectos sean en cierto modo positivos, no pueden encuadrarse dentro de la vocación de servicio público del ayuntamiento. Todo es, sencillamente, una coincidencia. En este caso concreto, al contrario de lo que suele suceder en el resto de dominios de la vida cotidiana, los intereses de la pequeña burguesía socialdemócrata coinciden con los del populacho, que ve como su ciudad gana unos cuantos enteros en “habitabilidad”.

Es decir: que por un lado tenemos la historia de “redención” política de un imbécil que quiere mantener a flote su proyecto de ciudad-empresa y por el otro un plan urbanístico-político-empresarial perfectamente estructurado.

Ahora, tras dar cuenta de las “líneas” históricas que convergen en la reforma, surge de ellas una gran incógnita: respondiendo como responde el proyecto a los intereses del PSC en tanto que garante del conglomerado turístico y tecnológico instalado en la ciudad ¿cómo puede ser que los medios de la burguesía catalana hayan estado salvajemente en contra de la reforma? ¿Como puede ser que El Periódico y La Vanguardia hayan aludido al “caos viario” y al “derroche presupuestario” durante meses -y a razón de artículo a doble página diario- para convencer al respetable de la inconveniencia de la reforma de la Diagonal? ¿Por qué es la primera vez que estos medios ondean estas preocupaciones tan ecológicas, tan socialistas y tan poco burguesas? En realidad, esto es fácil de responder: porque la burguesía catalana (o al menos, toda la que no representa al sector más dinámico vinculado al turismo y la tecnología) está exactamente allí, en la Diagonal: la Cámara de Comercio, el Círculo Ecuestre, las oficinas de la Vanguardia, la sede de Convergencia i Unió (C/Córcega a 50m de Jardinets), los despachos de abogados más ilustres (Cuatrecasas, Roca…), la mitad de los notarios de Barcelona, el Banco de Sabadell… Y ahora: ¿cómo están acostumbrados a moverse todos los habitantes de estos los principales nódulos del capital catalán? Otra vez, una respuesta fácil: motorizados en sus vehículos de cinco plazas y gran cilindrada.

Atravieso dos veces cada día en autobús el tramo expuesto a la reforma, y sé exactamente qué se mueve en la Diagonal. En transporte público, personal administrativo de los despachos de profesionales y personal de servicio (mayormente, mujeres bolivianas, ecuatorianas y marroquís). En transporte privado, una inmensa tropa de hombres encorbatados conduciendo solos. ¡Qué formidable cantidad de gilipollas viajan solos por los carriles centrales de la avenida en sus fantásticos automóviles oscuros! ¡Qué fantástico ejército de cincuentones blancos con sobrepeso y con atrofia en la glándula que inhibe la vanidad en el córtex cerebral!

Son los que ahora atacan desde los medios con argumentos como “¡oh, ahora no es el momento de reformar la Diagonal!”, “¡Hay crisis!”, “¡Hereu se ha vuelto loco!” ¿Ein? ¿Mandee? ¿De qué coño estáis hablando? ¿De donde viene esta súbita sensibilidad contra el urbanismo faraónico? ¿Dónde estaban todos ellos mientras nos endosaban el AVE, el Forum o las circunvalaciones salvajes que ha perpetrado el PSC en su fúnebre trayectoria política? Esta sensibilidad esconde muy mal enormes intereses de clase, y es que la preocupación principal es en realidad esta otra: ¿cómo llegaré a mi despacho de la notaría desde mi casita en Vall d’Oreig?

Los dirigentes y empresarios siempre han distinguido entre lo “caro” y lo “costoso”: cuando les toca pagar a ellos, hablan de “lo caro” y esto siempre es inconveniente; por otra parte, lo “costoso” se asocia a un “esfuerzo de modernización”, al “sacrificio que hace la sociedad catalana”, etc, etc. Lo “costoso” no les ha preocupado nunca. Por eso no cuelan sus razones. Que ahora, espontánea y episódicamente, manifiesten alguna sensibilidad social es una auténtica paparrucha. Ellos se han mantenido siempre físicamente al margen de toda reforma. Lo habitual es que ellos fomenten las reformas y que éstas les beneficien (por ejemplo, abaratando el transporte de mercancías y mejorando la tasa de beneficios) pero nunca que les afecten: los mandamases y los profesionales de élite habitan sus propias áreas arboladas, como las ardillas, o se mueven por zonas desconflictivizadas como Pedralbes y Sant Gervasi. No salen demasiado de su burbuja, pero sin embargo ahora, una colisión entre centros de interés del capital va a reventar su precioso espacio virginal… Como decía antes, se trata de algo parecido a una “guerra civil” dentro de la burguesía. El sector socialdemócrata representado por el PSC, vinculado a las TIC, la restauración y el turismo, se enfrenta al democristiano de CIU, vinculado a las finanzas, el mercado inmobiliario y los servicios económicos y jurídicos.

De forma inaudita, el plan de los primeros consiste en arrinconar al automóvil (de 8 carriles a sólo 2 y de servicios), mejorar el transporte público (conexión del tranvía) y ceder espacio a los peatones con una media de cinco metros más de acera por proyecto (tanto el A como el B). ¿Es esto bueno o no es bueno? Por una vez en la vida, lo sensato y lo ecológico se ha aliado contra los intereses de un sector que me parece profundamente odioso. En estas condiciones ¿Cómo quieren que me abstenga? Quedarse al margen odiándoles a todos, aunque me apetece, sólo va a conseguir que la Diagonal se quede como está: una avenida sin vecinos, enferma de humo y ruido.

Y si no triunfa la reforma, como comentaba un amigo hace poco, lo mejor es que dinamiten entera y dejen que crezca la maleza.

Siempre será mejor que lo que hay ahora.

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5 pensamientos en “A vueltas con la Diagonal

  1. dani dice:

    Yo hubiese propuesto una cuarta opción. Inundarla y poner góndolas.

    d.

  2. […] A vueltas con la Diagonal, Barcelona [ blogderesiduos.wordpress.com ] […]

  3. El Gran Ovejo dice:

    Quizás es por llevarle la contraria sistemáticamente al HayUntamiento, quizás es que, desde mi mudanza al extrarradio, lo que pasa en la Ciutat Podrida no me devora tanto los sesos y el alma, la cuestión es que yo me posicioné con los de: que se quede así. Y no me apellido Cuatrecasas ni Pujol, ni tengo coche, ni frecuento el Círculo Ecuestre.

    Que conste que me gustaría dar una vuelta en bici sin temer por mi vida a cada cruce, pero creo que hacer un cambio de ese tipo encaja perfectamente dentro del tipo de actuaciones del consistori en los últimos años: Europeizarnos, aborregarnos y mercantilizar la ciudad a ostia limpia. A ver si me explico.

    Que sobran la mitad de los coches es cierto, pero pegar un corte de 8 carriles a 2 me parece una salvajada. Si el número de automóviles que circulan por la zona es el mismo antes que después de la reforma, el pollo está servido. Creo que previamente se deberían hacer otro tipo de cambios y luego recortar el número de carriles. Campañas de concienciación; fomentar Y mejorar) el transporte público; en definitiva, preparar el terreno para acometer el cambio. De lo contrario, es decir, si la gente no cambia de mentalidad, la zona que va de Francesc Macià a Glòries y de Lesseps al mar sería un eterno atasco.

    Y de esos 2 carriles, seguro que hacen uno rollo VAO pero VAC ( Vehículos Altos Cargos). Y luego vendría el festival de multas, grúas, y demás “regulaciones” para los curritos.

    Quiero decir que, si quieren europeizarnos hay que hacerlo al revés, cambiar los hábitos de le población ( acompañado de algún pequeño cambio urbanístico si es necesario ) antes de hacer un cambio de esas dimensiones. Por ejemplo, la carta cívica aquella que se inventaron de la noche al dia según la cual eras multado si estornudabas mas fuerte que el vecino. Por no hablar del puto bicing, que pusieron una flota de bicicletas al alcance de la gente sin disponer de una red de carriles bici mínimamente eficaz, ni cerciorarse que la gente es capaz de ir en bici sin hacer el kamikaze o el imbécil por cualquier rincón de la ciudad.

    En resumen, creo que si hacen un cambio de infraestucturas de ese calibre sin cambiar los hábitos de la gente previamente, lo que se está buscando, al menos en parte, es sancionar a la gente por no cambiar ( a la fuerza) de hábito. Lo cual no me extraña nada de esta colla de mangantes disfrazados de progres modernetes super guais que nos estan robando la ciudad.

    O eso o lo que dice Dani, inundarla y gondolas y patines de playa parriba y pabajo. Patining, en diuen!

    Bueno, un saludo, desde la patata que echaba de menos tus cosas.

    SALUT!

    • carlosalonsoromero dice:

      Sí: idealmente, sería mejor que todo el mundo reconociese que no se puede ir por Barcelona en tanques 4×4, pero ¿a base de propaganda política va a lograrse esta concienciación? Yo no lo creo. Yo, contra el automóvil, estoy decididamente a favor de toda acción dictatorial. Aparte, un abrazo Erbobo, recuerdo de mi antiguo blog tus comentarios, siempre sinceros y constructivos…

  4. Alberto dice:

    Hola Carlos,

    Aquí discrepo. El problema no es tanto el de ‘transitabilidad’ de la Diagonal desde el punto de vista de un barcelonés, sino de la función que cumple la avenida como arteria principal de entrada y de salida de la parte sur de Barcelona. Es decir, al extrarradio.

    Durante mucho tiempo he trabajado en zonas al sur de la ciudad (ya sea en polígonos industriales, despachos o incluso un ambulatorio!), y he asistido mil y una veces a los embotellamientos de entrada y salida de la ciudad.

    Miles y miles de coches –y no muchos de ellos conducidos por pastosos señores que pueden permitirse el lujo de llegar a las 10h00 a su flamante despacho- supliendo un transporte público deficiente, a base de caducos buses que salen cada cuanto salen y que, sin tráfico si es que los coges a las 06h00 am, tardan igualmente una hora (espera excluida) para cubrir un tramo que en coche haces en 15 minutos.

    La Diagonal (al menos, su primer tramo de entrada por el lado sur de la ciudad) no puede reducirse aún más. De hecho, ni ella sola unida a las rondas (intransitables a partir de cierta hora de la mañana en un sentido y otro), parece ser aún suficiente.

    ¿Quieren una Diagonal verde sin casi coches? OK, fantástico, pero que creen una alternativa viable para esas miles de personas que con dificultad se trasladan desde el extrarradio a la ciudad o viceversa.

    Un saludo,

    A.

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