¡Qué razón tienes, Reyes!

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junio 18, 2010 por carlosalonsoromero

He aquí una verdad tan grande que hasta tiene patas y camina sola:

Hemos magnificado tanto la producción que estamos obligados a repartir un bien tan escaso como es el empleo. El trabajo no es sólo un asunto económico, sino antropológico. Hemos creado un tipo de sociedad por donde sólo se circula si hay dinero; y hemos ideado un tipo de hombre que sólo alcanza dignidad y reconocimiento si trabaja. Si eso es así lo que no podemos es urbanizar el mundo y destinar hasta el último rincón del Amazonas a la producción y luego decir que no hay trabajo para todos; no podemos construir un tipo de ser humano que se realiza transformando el mundo gracias al trabajo y luego desentendernos de quien no lo consiga. Hemos llegado a un punto en que la justicia no consiste prioritariamente en distribuir equitativamente el bien común cuanto en repartir el trabajo.

Reconozcamos que no es fácil asumir que trabajaremos menos porque eso va a significar que ganaremos menos y que, por tanto, consumiremos menos. Para reconciliarnos con el futuro que nos espera habría que valorar mejor el gesto gratuito, el no hacer nada productivo, es decir, la contemplación o el verbo.

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4 pensamientos en “¡Qué razón tienes, Reyes!

  1. Daniel dice:

    Un punto de vista bastante interesante. Gracias por el enlace.

  2. Elena dice:

    He estado a un tris de levantarme y aplaudir.

  3. El Gran Ovejo dice:

    Vale, de acuerdo. Desde pequeñitos nos adiestran para creer en la trilogía “Trabajo-Dinero-Consumo” como única religión posible. De acuerdo que quieren que nos movamos “libremente” por cintas transportadoras que ellos mismos han diseñado. Pero creo que es un poco pesimista, casi apocalíptico, cuando dice que todo está acotado y sin dinero no hay nada que hacer en esta vida y uno se convierte en lumpen.

    Para empezar no creo que haya nada malo en ser lumpen, al contrario, es peor ser una pieza más del engranaje ( bien lubricadita a base de tv y similares) que todos sabemos a favor de quién rueda.
    Si en medio de esta locura se aparta uno un segundo y enfoca las cosas desde otro punto, verá que hay otras maneras de hacer las cosas.
    Voy a poner algún ejemplo chorra; uno que se queda en el paro y de repente tiene todo el tiempo del mundo pero tiene poco dinero. Justo al contrario que cuando trabajaba. Este parado va al super un martes por la mañana y lo primero que ve es que: No hay nadie! Justo al contrario que cuando trabajaba. En vez de comprar el pollo ya troceado y limpio ( es que no tengo tiempo y lo tengo que comprar así, decía antes) se decide a comprar el pollo entero y ya lo arreglará él en casa. Además, en vez de comprar las hamburguesas hechas (es que no tengo tiempo y las tengo que comprar así, decía antes), resulta que compra la carne picada y se las hace él a su gusto.
    Este señor se va a su casa ahorrándose unos euros bien majos y pensando en una frase que le dijeron hace tiempo que reza: No es más rico el que más tiene sino el que menos necesita. Joder qué gran verdad. Y además mientras cocine, podré ponerme el disco ése que hace tiempo que no escucho y además, como la vecina del cuarto está currando, lo podré poner a toda ostia. Justo al contrario que cuando trabajaba. No está tan mal esto de estar parado. Mientras hace de Jack el destripador modo casero al son de un buen rocanrol, se acuerda de los días en que el jefe lo tenia cogido por los huevos y al llegar a casa no tenia ganas de nada del cabreo que llevaba. Acto seguido, se le dibuja una sonrisa en la cara y piensa: Mañana boquerones.
    Por la tarde decide ir a la biblioteca porque antes cuando curraba no podía. Sale cargado de pelis, libros, música. Todo gratis! Antes cuando curraba, nunca pillaba la biblio abierta…

    En resumen, y perdón por usar ejemplos de parvulario, que hasta que no valoremos el tiempo por encima del dinero, no resolveremos nada. Que el dinero, fuera de la rueda que el mismo Capital ha creado, vale poco. En cambio, el tiempo es valiosísimo. Si le damos la vuelta a la tortilla resulta que gastas tu tiempo y tu dinero más en lo que quieres y menos en lo que te mandan. Ergo no todo está acotado y sin dinero hay cosas posibles.

    We jam econo, que decían The Minutemen.

    Aunque acepto que todo esto sólo sirve para no volverse loco a nivel doméstico, no creo que haciendo nada de esto se luche contra el Capital.

    O si?

  4. carlosalonsoromero dice:

    En general, estoy de acuerdo contigo y con Reyes. No veo tanta contradicción entre un discurso y otro. Ella habla de la generalidad y tú apuntas un punto de fuga.

    Yo, en la medida de lo posible, soy un fugado más: ya casi sólo gasto dinero en discos, queso y cerveza… Definitivamente, el Capital, con algunos de nosotros, se iría a pique o volvería a los niveles pre-WWII.

    A mí me es muy sencillo imaginar un mundo con muy poco trabajo y muy pocos ingresos, sin necesidad de automóvil, ni, por supuesto, de petróleo (¡¿para qué cojones tantas cosas de plástico y de un solo uso?!)… sin gastos imprevistos estimulados por el marketing…

    Está claro que hay consumo y consumo. Aunque apologetas del actual sistema quieran borrar toda diferencia (¡ah, esta manía actual de igualarlo todo, bueno y malo, en una misma categoría!), es muy cierto que una cosa es comprar “cosas buenas” como ropa de calidad y hermosa (que no ropa volátil de pull&bear que se deshace en el segundo centrifugado), vinilos de buen gramaje y espirituosos en botellas bonitas… y la otra ir a lo bruto de rebajas (sin objetivo, a comprar cualquier cosa con tal que sea barata), ir a hacerse un peeling con sales del mar muerto o gastarse 150 eurazos en un crujiente de rape con esferificaciones de extracto de anguila.

    Y por supuesto, está la mesura: el comprar cosas dentro de un “orden de disfrute”. Que lo que se compre se pueda disfrutar. Claro que esto requiere adquirir pocas cosas y cada cierto tiempo. Y esa es una cosa como de posguerra: el capital da órdenes en sentido contrario, pues para funcionar necesita eliminar esta posibilidad.

    Y luego está el saber coser, el saber cocinar, el saber hacer galletas (¡un beso, Elena!), el saber arreglar aparatos, el saber cómo se instala tal sistema operativo: todos esos conocimientos son un enorme ahorro…

    O sea: que estoy MUY de acuerdo con que, aún en éstas que estamos, hay otra forma de hacer.

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