Mi amigo Julián López

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diciembre 13, 2010 por carlosalonsoromero

Mi amigo Julián siempre ha querido saberlo todo.

Cuando éramos pequeños, ese paliducho conseguía todas las primicias antes que nadie:

Este año la misa de navidad se acaba antes, el Padre Alfonso salió ayer con los del obispado por el gótico a beber leche de pantera…

Vete a la Grimm a por el último burmarflash de naranja, sólo queda uno… ¡corre!

La seño de mates y el de filo: lo que yo te diga, mucha miradita mucho jijiji jajaja…

¡¿Cómo podía saber todas esas cosas?! Cómo demonios. ¿Salian todos esos noticiones de la simple observación? Nah. El resto también andábamos por ahí. También nos movíamos y observábamos. Pero no nos enterábamos de nada. Julián nos sorprendió durante años con asombrosas e  inquietantes revelaciones. Recalificaciones, corruptelas,  tejemanejes, e incluso que la madre del Busquets saldría en bolas como figurante en la próxima peli de Esteso.

¡La madre del Busquets en pelotas!

Luego descubrimos de qué iba realmente el negocio de Julián: filtraciones. Es decir, que siempre había quien, desde una posición delicada, le largaba el cuento a Julián. ¡Ah, se lo contaban! Así cualquiera, dirán ustedes. Pues no, tampoco es eso. Hay que tener contactos, fuentes. Y de eso Julián siempre ha tenido  más que nadie. Siempre ha conocido a este, a ese y a aquel. Julian es gente de mundo. Pero el negocio de la filtración política en Barcelona tiene poca salida profesional, y Julián siempre quiso ir a más. De natural ambicioso, se cambió el nombre (hay que reconocer que Assange suena mejor que López) y se fue a vivir a Australia (“allí hay mercado para estas cosas”, me dijo poco antes de partir). Después de una temporada en Oceanía, fue a Suecia y al final, a Inglaterra, donde le trincaron por el asunto este de los condones en mal estado.

Yo siempre se lo dije:

-Como hobby, Julián, las filtraciones están bien, a mí también me hacen gracia, pero un ratito…  Y sin pasarse. Porque dime ¿qué vas a demostrar sacando una transcripción de una conversación con el ministro de interior en donde se dice que Felipe González es el señor X? O eso que dices que hay pruebas científicas ocultas, con fórmulas matemáticas y eso, que demuestran que Mecano es científicamente una puta mierda… ¿tú sabes el daño que puede hacerle eso a España? ¿TÚ TE DAS CUENTA, JULIÁN?

Les estoy hablando de los ochenta. La gente sólo pensaba en el Señor X y en Mecano. A veces incluso pensábamos en las dos cosas a la vez. Yo mismo pensaba a veces en el Señor X tocando dos pianos a la vez con los brazos extendidos y las aletas de la nariz abiertísimas. O en Nacho Cano con pasamontañas lanzando vivas a Cristo Rey. Esta era una nación abducida. Eran otros tiempos, más raros y mucho más pretéritos que éstos. No había habido ni olimpiadas, con eso se pueden hacer una idea de lo que les hablo.

Ay qué pesado qué pesado siempre pensando en el pasado… Le cantaba yo a Julián cuando me venía con sus pruebas fehacientes de que la transición no había sido modélica:

-¡Tengo un telegrama del agregado comercial estadounidense! Mira.

Y me enseñó un papelico que decía:

Transition-shitty-stop

spain-crappy-and-poor-stop

great commercial expectations!-stop

Pero hay cosas que nunca he estado dispuesto a soportar:

-Métete tus pruebas por el culo, Julián. No te metas con la transición que la tenemos. Eh. La transi no me la toques, cabrón. ¿¡¡Qué es lo que quieres demostrar, eh, que el Rey es nazi!!? ¿Que se la han colado al Partido Comunista?

Pero bueh, Julián es de esos que le da igual ocho que ochenta, que siempre ha estado ahí, el tío, dale que te dale, a lo suyo (aunque no me queda demasiado claro qué significan estas frases). Y el tío siguió erre que erre hasta que que estalló el asunto wikilics. Y será que no le avisamos:

-Ay, Julián Julián. De qué poco te va a servir el apellido francés y que Julián sea nombre de pájaro.

Ustedes creerán que es un tipo constante, pero en mi casa tenemos otro nombre para eso: plasta.

Y ahora lo que voy a decir quizá les parezca mal, porque he sido su amigo y ambos tenemos un pasado en común pero ¿qué quieren que les diga? Le está bien empleado.  Ha llevado las cosas demasiado lejos. Porque díganme: ¿quién en su sano juicio podría creer que en la guerra de Afganistán muere gente DE VERDAD? O sea, gente de carne y hueso… Gente que le meten un bombazo así, bum, y salta por los aires. Y peor todavía: civiles. Personas civiles vivas. Y que todo eso se hace… ¡A POSTA! Es una locura. Imposible, vaya.

-Tío, que no te miento –se me justificó por teléfono- que hay un memorando del agragado comercial del pentágono en Yakarta que lo explica fil per randa. Bombardean a gente así a lo burro si sospechan que uno es primo de otro que estuvo un día con los talibanes. Matan niños, personas mayores e incluso adultos de mediana edad. No se están de hostias.

¿Alguien sin las facultades alteradas está dispuesto a creerse que esos miles de soldados que aparecen en la tele rescatando niños, repartiendo flyers de la democracia y adoptando gatitos van en realidad a usar sus fusiles para matar afganos? No digo ya pegarles patadas en los cojones sino MATARLOS, válgame Dios. Hay que ser mala persona para matar un afgano adrede.

¿Y eso de que todos los presidentes de occidente, con esas caras de bonachones que tienen, con esas papadas y esos cuerpos ovalados por el sedentarismo de sus cargos, están conchabados a favor del de la muerte y el bandidaje al mayor?

Que haya gente tan mala en el mundo, no sé…

Yo prefiero creer que no, que todo son casualidades. Que a veces pasan cosas malas, sí, pero sin que se sepa muy bien cómo ni por qué. La democracia es así: un día todo está bien y al siguiente no, y no hay que buscarle demasiadas explicaciones. Es algo como hormonal. Pero no es una cosa como para preocuparse, que para eso están las instituciones. Todo puede solucionarse votando.

Pero vaya, que todo ese tráfico de soldados, mercenarios, memorandos, explosiones, embajadores, muertos y presiones diplomáticas sólo persiga objetivos codiciosos y que no tenga que ver con el bien común y la práctica de la democracia es una idea de muy mal digerir. Además ¿no les escama que de todo ello exista constancia sólo porque un soldado mariquita un día metió unos documentos en su pendrive?… ¿Cuesta o no cuesta de creer? ¡Y no lo digo porque sea mariquita! ¡Yo tengo algunos amigos mariquitas! Pero no sé, de ahí a que anden metiendo memorandos internos en pendrives. Por muy diferentes que sean no me los imagino haciendo eso. No, lo siento, no lo veo. Y es más: me parece una falta de respeto hacia el colectivo.

Aunque lo que más me toca los cojones son las ganas de arruinarme el día que ha tenido siempre Julián. Uno ahí, tranquilazo, trabajando en perfecto estado de normalidad democrática, inmerso en esta pluralidad multicultural que tan pronto ensancha el espíritu como alegra racialmente la vista, disfrutando de la libertad de expresión a lo grande (youjizz, facebook, atrápalo, tuenti, marca.es…), para que venga el puto Julian y toma: que Putin esto y Berlusconi aquello. Que uno es un pimp, el otro un macho alfa y que los dos se meten cosas por la nariz. Que Zapatero que no es de fiar. Que Rubalcaba es muy enrollado. Que al Zelaya ese, ni agua, es más, montadme un golpe de estado y luego condenadlo, que Chávez en realidad es bueno pero que hay que pintarlo como malo porque nos quita las concesiones de pozos… Que el presidente uzbeko tiene costumbre de despeñar veinte ovejas por el minarete para celebrar la navidad musulmana. Que Blair contrató lolitas con strap-ons para entretener a los lores. Que Gadafi se lo hace con una judoka moldava.

Oi-oi-oi, Julián, ahí sí que TE HAS PASADO. Gadafi, claro… Con una Judoka… Moldava…  Menuda trola.

Mira mira, léeme los labios: men-ti-ro-so.

Y me temo que ahora que Julián está preso le dé por apuntar mucho más arriba, pues menudo es el Julián. Nuestra última conversación fue escalofriante. Justo cuando veía al pobre arrepentido de las filtraciones sobre el ejército y los gobiernos democráticos, me soltó esta perla:

-Que no, Carlangas, nada de ministros, embajadores ni soldados, ahora voy a ir a por the real thing: banqueros y grandes financieros. ¡Corporaciones! Tengo documentos que prueban que las agencias de rating han estado actuando en comandita junto con los grandes fondos de inversión y las patronales de España, Irlanda y Portugal para hundir su deuda, forzar reformas antisociales y revender deuda pública refinanciada. Sospecho que el Capital tiene la culpa de la crisis… y voy a investigar qué hay de cierto en ello.

-No me digas eso, Julián. Por ahí si que no paso. Mira lo que te digo: NO-ME-LO-CREO. Toma ya. A ver qué haces ahora.

Antes de que replicase haciendo mención a alguno de sus putos memorandos (¿qué coño es un memorando? ¿ustedes han escrito uno alguna vez? ), le colgué el teléfono rojo de la ira. Hay cosas que no estoy dispuesto a tolerar ni que me traigan pruebas. Que se maten algunos afganos, vale, Afgania está lejos, y hasta podría ser que alguno hubiese muerto como consecuencia de un fuego cruzado, porque allí todo son valles y los soldados disparan de una ladera a otra (que no digo que sea así: seguro que no tienen ni censo para comprobarlo y total, son pastores de cabras que no entienden inglés). Pero ¡UNA CONSPIRACIÓN FINANCIERA INTERNACIONAL PARA CONTROLAR EL MUNDO! Amos anda. Pobre Julián. Eso sí que es armar bulla por armar bulla. ¿Cómo se va a poner tanta gente de acuerdo para hacer esas cosas? Es imposible. Se nota que Julián, con tanto viajar de aquí para allá, no ha ido nunca a una reunión de vecinos. Nosotros hicimos 12 reuniones para poner la TDT…

Yo es lo que le he dicho siempre a Julián: hay que sentar la cabeza, tocar de pies en el suelo y andar erguido frente a la adversidad, aunque resulte casi imposible hacer las tres cosas a la vez. Es duro, pero es así.

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2 pensamientos en “Mi amigo Julián López

  1. Veisin dice:

    Grande Cascas, molt grande.

    Una abraçada!

  2. mona dice:

    lo de “leche de pantera” como una de las etiquetas del post me encanta

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