¡Abran paso al emprendedoriado!

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julio 28, 2011 por carlosalonsoromero

Un nuevo grupo de superhombres ha llegado para salvar la patria. Ustedes les han visto por la tele y en los periódicos, también han leído aquel artículo en el dominical sobre los 50 mamíferos que más emprenden en España.  Son hombres y mujeres aparentemente normales, no hay un rasgo físico o sicológico común, pero ah, tienen el don de emprender, una potencia espiritual que, como el chi, está dentro de todos nosotros. No es un gen mutante, sólo hay que saber sacarlo afuera.

Como estupendamente explica Javier Adler en un artículo que aparece hoy aquí, en la prensa ha operado un cambio en los últimos 10 años. Se ha adoptado el vocablo emprendedor/a para referirse a un empresario/a. La verdad es que, puestos a escamotear connotaciones, es comprensible que opten por este cambio. “Plusvalorista” no hubiese agradado tanto a la sociedad. El único problema es que empresariado es una palabra más redonda que emprendedoriado.

Como comprenderán, si escribo sobre esto es porque me toca notablemente los cojones. Porque esta es la enésima vez que vienen a jodernos con el lenguaje, a intentar alterar nuestra precepción por medio del Palabro Novedoso. Oh, y no hay nada más tonto que un periodista junto a un Palabro Novedoso con ganas de agradar a su redactor jefe. Desde que descubrieron la palabreja no dejan de relamerse…

Además, hay que entender qué implica el cambio, cuáles son las causas por las que nos lo están colando tan salvajemente. Yo he llegado a deducir unas cuantas, pero imagino que habrá otras que se me escapen (ahí tienen los comments, si me dejo algo). En cualquier caso, estas son las notas que se me cruzan esta mañana por la cabeza:

1. Una nueva imagen

Lo primero es recordar el contexto de crisis financiera, deslocalización, recortes sociales y cambio de modelo económico. Este ya no es un sistema, son dos: la producción y el dinero titulizado. Aunque antes guardaban una relación estrecha, son ya dos mundos distintos. Muchos empresarios ganan con el primero e invierten en el segundo, pero cada vez es más corriente ver a gente que vive y despliega toda su actividad en el plano abstracto del puro intercambio de títulos, en vista de que la gran masa de asalariados precarios cada vez pueden comprar menos cosas (lo cual hace de creciente antiestímulo para la producción). En este círculo vicioso de acumulación por desposesión, que reclama nuevos recortes sociales (deuda pública) y salariales (deuda privada) para engordar el mundo separado del dinero titulizado, el nuevo empresario, si no quiere hacer el ridículo debe saltar al tatami con una nueva imagen y nuevas intenciones. La idea es: hay que desgarrulizar al empresario, quitarle el puro y la cara de cerdo. Ya no sirve eso de “voy a poner un taller de arandelas galvanizadas para aparatos de riego” (que por cierto ¿de donde sacaban los empresarios de antaño estos propósitos tan concretos y tan poco estimulantes?). Eso lo pueden hacer los chinos. No interesa. Ahora la cosa es más: tengo una idea de carácter lucrativo-espiritual -pongamos… mmmm… un “resort de autotortura para ejecutivos”-, y en el discurso, nada de números, nada de conceptos tan banales como “inversión” o “expansión”. No, no, no. Soy un “emprendedor” ha detectado una “oportunidad” y me dispongo a satisfacerla para crear riqueza social y ayudar a Las Personas (ya saben ustedes que, allá por donde se mueve el dinero, lo importante son Las Personas, ese individuo-institución-objeto-publicitario).

2. Un nuevo discurso

Por lo que he podido leer en las narraciones que está construyendo la prensa, el emprendedor surge del pozo de la miseria social y se alza frente a la adversidad para reinventarse –“trabajaba en la construcción, me quedé en paro, pero, eh, tuve una idea…”- y convertirse en hombre de éxito. Se formula así un discurso esperanzador. La difusión y multiplicación de espacios y voces que dan cancha a este relato se ha disparado espectacularmente a raíz del 15M, porque aunque las recetas que han propuesto desde el movimiento han sido mayoritariamente reformistas,  el cuestionamiento del tinglado económico y financiero ha sido bastante radical, y frente al desencanto social respecto al capitalismo financiero que impera, qué mejor que otro puto american dream, otro palo con zanahoria, esta vez en forma de enterpreneurship feliz. Cambia ligeramente el argumento, pero habíamos visto esta película muchas veces durante los ochenta y noventa, sólo que en una versión más descarnada e hipermasculinizada, con la figura del asalariado de éxito, yuppie follardín, aspirador infatigable de coca, jockey del NASDAQ y hándicap más que aceptable. Hoy, ya saben, se trata de un señor de Salamanca que un día se tropezó con un trozo de madera en la finca de sus padres y, justo en ese momento, miró al cielo (mientras se daba de bruces) y vio claro que podía crear una empresa de packaging deluxe  a base de aglomerado. El discurso es necesariamente más llano y menos suntuoso porque, en época de crisis, no se puede aparecer por la tele con aspecto de sujeto encorbatado esnifante hablando de cosas malignas como márgenes, previsiones y rentabilidades. La nueva narración debe apelar al ingenio del hombre común, a la superación del hombre en apuros. Y si hay anécdota newtoniana mejor que mejor: la manzana que cae del árbol, el salmantino que tropieza con el leño… Así se matan dos pájaros de un tiro: se empatiza con la masa y se humaniza al empresario, que buena falta le hace.

3.  La precarización del empresariado

Esta tercera nota entronca con la primera: decía arriba que ya no hace falta producir aquí, porque cada vez se compra menos y porque además, más lejos es más barato. En consecuencia, el pleno empleo, aquel cenit de la socialdemocracia progresada estuvo vendiéndole a la sociedad, ya no termina de colar… ¿Acaso podemos poner a todo un país a producir servicios, intangibles e inutilidades varias? El pleno empleo aún colea como premisa capta-votos en los discursos de los dos partidos políticos mayoritarios, pero en el fondo, todas las sociedades post-industriales están establecidas sobre lo que hace 20 años hubiese sido una tasa inaceptable de paro. A su manera, con un grado de exclusión altísimo -pero que arriba se considera perfectamente gestionable, sea por vías caritativas privadas o por la vía policial-, una sociedad con un 20% de desempleados, es una sociedad capitalista moderna normal. Así pues ¿qué puede hacer ese desempleado “de larga duración”, sobre-formado (tres carreras, dos masters, un mba, siete idiomas y ocho lenguajes de programación) al que durante toda una vida se le educó para ocupar un estrato social alto? Pues no mucho: fundamentalmente lanzarlo a “emprender”. Hacerle buscar una nadería que se pueda colocar por ahí, endeudarse y rezar por que La Novedad que vende se consuma como tal. Esta circunstancia revela un sinfín de miserias: la crisis del modelo productivo actual, la sobreoferta de imbecilidades, el inmenso desajuste del sistema formativo respecto a las oportunidades que ofrece el mercado, la distancia entre el discurso socialmente mayoritario (ve a la universidad, hijo, estudia, sé un hombre de provecho) y el mundo ahí afuera…

4.       No hay foto finish!

Claro que estas narraciones se construyen ad initium y sobre ellas nadie hace un seguimiento. A ver ¿Dónde están los doce catalanes que salieron en el dominical de la Vanguardia hace 14 meses con proyectos empresariales relativamente absurdos? Nadie lleva una estadística de los emprendedores que se la pegan: estoy seguro de que sería del todo escalofriante. Oh, todas esas ilusiones, mi negocio de ligoteo on-line, mi franquicia de tiendas de regalos innecesarios para enamorados, mi pastelería macrobiótica… Me encantaría tener un estudio que cruzase los datos de emprendedores fracasados y opositores a funcionario municipal, seguro que encontraríamos un buen montón de nombres y apellidos coincidentes…

5.   Y a todo esto… ¿el enterpreneurship funciona?

Mjm, mjm. No tenemos estudios serios sobre el tema (si ustedes los tienen, compartan, por favor), de modo que esta última nota será puramente especulativa. Mi percepción es que esta vez no se las están colando a los inversores. Hay mucha propaganda del enterpreneurship, pero el hecho es que, al no haber foto finish, no hay certeza ni indicio alguno de que la creación de empresas esté solucionando el escenario de crisis para un sector social que numéricamente sea digno de apreciación sociológica. Me temo que es más un intento de desmovilización. No perdáis la esperanza, chicos, aunque nadie os contrate, aunque todo se vaya a la mierda, aún podéis emprender. Se trata de la creación de toda una conciencia social positiva sobre la base de unos hechos socialmente anecdóticos. Y es que por un emprendedor que da el gran golpe,  podemos imaginar que el emprendedor medio puede pasar años comiéndose los mocos, y que al final será poco más que un asalariado o un autónomo al uso, con el estrés añadido de tener que gestionar la escasa fuerza de trabajo que tenido que contratar para la aventura. De ahí que, en numerosas ocasiones, se observe poca fe y mucho escaparate en estas iniciativas. Muchos emprendedores, se les ve venir de lejos, son hijos del concepto start-up que dio pie a una de las estafas sociales más divertidas de final de siglo: la crisis de las punto.com, el único episodio en los últimos dos mil años en que, felizmente, pringaron sólo los hijosdeputa. El espíritu de la aventura es el mismo: ten una idea de apariencia innovadora y muévela con jerga espiritual, consigue un inversor y aprovecha para venderte como alto ejecutivo. Si apareces en prensa mostrando tu talento innovador, alguien te fichará. Al final, la esperanza es la de siempre: el bendito ascensor social. Pues me temo, señores, que la empresa de ascensores ha quebrado y los técnicos ascensoristas, después del ERE, están ocupados intentando emprender. No creo que les atiendan…

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10 pensamientos en “¡Abran paso al emprendedoriado!

  1. Pellicer dice:

    En los USA, el 85% de los “emprendimientos” (manda huevos) se mocha antes de los 12 primeros meses de funcionamiento.

    En ese bonito país se considera que un “emprendeor” no suele acertar con el “nicho” hasta su tercer “emprendimiento”. Es decir, 2 ruinas previas están casi aseguradas.

    La fuente: un articulito que leí en el Walt Street Journal hace cosa de un par de años (Y sí, despues me lavo los ojos; no soy tan guarro)

  2. […] ¡Abran paso al emprendedoriado! blogderesiduos.wordpress.com/2011/07/28/%C2%A1abran-paso-…  por reportero77 hace 2 segundos […]

  3. No estoy en absoluto de acuerdo. La mayoría de lo expuesto en este post es en mi opinión una sarta de estupideces y críticas anti-evolutivas.

    El emprendizaje es un cambio cultural. Los jovenes de hoy en dia queremos todo hecho y esto no es así. A veces hay que salir adelante a traves de ideas novedosas. De hecho una definicion de emprendizaje o emprendimiento requiere el crear una empresa, pero no es necesariamente así. A mi entender lo que se intenta explicar a la sociedad es que todos debemos hacer cosas distintas para salir adelante, incluso dentro de un trabajo rutinario se pueden mejorar las cosas.

    ¿Acaso Creeis que el modelos de manufactura con salarios altos es sostenible? pues mientras exista China no! Todo se mueve hacia una economia de servicios donde las escalas productivas son más pequeñas lo que implica que las PYMES pueden tener su espacio. Hay oportunidades en el mercado y si “funcionarios” o rent-seekers como tú no las quereis explotar, dejar que lo hagan otros (yo soy empleado publico y no quiero ser emprendedor pero admiro sobremanera todos esos que se dejan la piel para tirar adelante este país).

    En mi forma de ver las cosas la cultura del emprendimiento-innovación es una de las pocas salidas que tiene España para mantener un buen estado del bienestar a largo plazo. De hecho si que hay estudios que lo demustran. Bucalos en revistas academicas como Regional Studies o Small Business Economics, entre otras.

    • carlosalonsoromero dice:

      No sé este comment es una autoparodia o qué (de hecho, al principio creía que era algún amigo mío tomándome el pelo), pero te ha quedado muy guapo. Rent-seekers, dice… Jaja.
      Oh, el emprendimiento, qué bien, pero que emprendan ellos ¿verdad? Me mondo.

      • Simplemente tengo un punto de vista distinto al tuyo sobre el ser emprendedor. Es un tema que estoy estudiando con mucho mimo y me parece acertado. Tiempo al tiempo.
        No te pido que los admires (como yo) pero al menos respeta a la gente que toma riesgos.

        Por el titulo del blog y tu tono critico e ironico, ¿supongo que aparte de rent-seeker también seras indignado? Me gustaría saber tu opinión sobre el movimiento #15M.

        Ah! y una alabanza del blog, me encantan los titulos de los posts. Muy creativos 😉 (no es ironia).

  4. Mona Meinhof dice:

    A ver, este tema me ha tocado una fibra sensible, así que me disculparán pero voy a soltar el rollo, así a lo loco y sin mayor reflexión: la culpa la tenemos nosotros, por dejárnosla colar así. Me explico: cambian de empresario a emprendedor porque este último término está mejor valorado. Pero, por el amor de dios, ¿cómo hemos llegado a valorar ese término, “emprendedor”? Es un término repugnante de suyo, sin necesidad de identificarlo con empresario. Y sin embargo, los que se supone que estamos del otro lado, nos pasamos el día hablando bien del empowerment, la agencia, la víctima no victimista, etcétera, etcétera. Vamos, que nos la han colado todavía más hondo de lo que parece. Y sí, no está bien que, por ejemplo, los servicios asistenciales del estado de bienestar nos traten como si fuéramos retrasados, pero de ahí a reivindicar la “agencia”, el “empoderamiento” y la capacidad de decisión y acción de los más necesitados va un abismo, ¿no? Ahora resulta que ya no basta con ser pobre para pedir ayuda, además hay que currárselo. Es como si todos estuviéramos de acuerdo en que sólo se merece una limosna quien la pide alegremente, tocando la flauta y haciendo cosas diver, y no esos otros mendigos harapientos tristes y anticuados (un medio ambiente ideológico que impide, cómo no, preguntarse de dónde salen todos esos pobretones)
    Entre el discurso izquierdista pro-empoderamiento y el circo neoliberal que saca la tijera y enarbola el discurso del paso del wellfare al workfare hay conexiones de lo más feas. Pero parece que no las queremos ver, y ahí estamos, valorando, precisamente en el momento más inapropiado, la iniciativa, la capacidad de ponerse en pie cuando te han derribado, la independencia y la autonomía individual, y todas esas mierdas de mitos modernos que nos hemos tragado sin masticar.
    Hay otras derivaciones enfermizas y funestas de este obsesivo aprecio por el hombre de acción que padece nuestro siglo, algunas las he oído comentar aquí y allá: por ejemplo, cuando se habla de cambiar el modelo de remuneración de artistas e intelectuales para evitar la estafa cotidiana a través de la que se gestiona todo lo relativo a la propiedad intelectual, siempre aparece el argumento de los músicos que ganan más con los conciertos que con los discos. ¿y los escritores? Pues que den conferencias, que impartan cursos y talleres. Y así con todo. Podremos reconocer o no la necesidad o utilidad de financiar el trabajo de un tipo que se encierra a pergeñar novelones, por ejemplo, pero lo que no tiene ningún sentido es pretender que ese tipo se pase el día viajando y dando conferencias y que eso sea la solución a algo, ¿no? Pero parece que eso es lo que hay, a todas las escalas y niveles. Todos a fingir que somos los más simpáticos en esta fantasía de la red social, donde sólo hay lugar para los extrovertidos, para los resultones, para los emprendedores, para los imaginativos, para los que saben aguantar su propia vela…

    • carlosalonsoromero dice:

      Sí, nos la han colado pero bien…
      Además, es un discurso que, como el american dream de los cojones, sólo bebe de las poquísimas experiencias exitosas, edulcoradas y narradas con aire novelesco… en esencia es la misma historia de Rockefeller, que vendía periódicos en la calle y ahora fíjate, compra y vende países… El self-made man pero en época de crisis: con más austeridad. Al pueblo hay que tenerlo asustado, sí, pero también esperanzado…
      Un reducto pobre del emprendedorismo, lo que vendría a ser “poner un negocio”, es una puta ruina: basta con caminar por la calle para darse cuenta. En mi barrio de BCN, absolutamente gentrificado, desde que estalló la crisis, todo negocio que se abre cierra en dos, tres meses… Desde hace dos años no he visto nada que haya abierto y que permanezca abierto. Véndeles a todos esos el discurso del emprendedorismo, a ver si abandonan las oposiciones para volver a arruinarse…

  5. Visitante dice:

    Estoy totalmente de acuerdo con el post. Yo lo llamo la II fiebre del oro pero sin revolver, caballo ni espuelas. Es como una epidemia.

    No has mencionado algo importante y es que todos estos bravos emprendedores también venden su discurso espiritual a sus trabajadores y los explotan deliberadamente con promesas de acciones, altos cargos y hologramas de Zuckerberg. Cruzan la barrera profesional-personal con sus discursos “participativos” y acaban hasta tomándose la leyes a la torera porque la obligación del empleado es compartir el sueño de su jefe (que éste se forre) el cual trabaja 24horas para poder pagarle el sueldo a sus trabajadores y éstos, a parte de estar explotados, tienen que sentirse agradecidos ya que “Cuando recibamos la inversión serás/tendrás esto y aquello…”. Trabajar para solamente cobrar cada mes (aunque hagas bien tu trabajo) ya es algo que está hasta mal visto.

    Pero siempre hay una segunda parte. Estos bravos emprendedores, con una gestión basada en la improvisación y una experiencia altamente cuestionable, van vendiendo acciones por inversión y curiosamente en España, siempre están los mismos por detrás (por detrás en todos los sentidos). Hasta que venden tantas acciones que se quedan sin empresa y estos inversores tan generosos acaban siendo dueños del producto y lo más curioso de todo es que les sale más económico manejarlo así que si lo desarrollan en su propia empresa.

    Así que estos bravos emprendedores han caído en la tomadura de pelo más grande del siglo, como tú bien comentas, se han creído héroes y han acabado despojados de su diminuto Zucky-imperio.

    Y para acabar, lo más impertinente de todo ello es que lo vuelven a intentar porque esto de ser emprendedor “es una forma de vivir y de enfrentarse a la vida, o lo eres o no lo eres”. lol

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