El Discurso Duran i Lleida

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octubre 6, 2011 por carlosalonsoromero

Hace cinco o seis años, en periodo pre-electoral, no recuerdo si decidíamos mandamases estatales o regionales, entré en una librería céntrica; Pau Claris con Casp, por si quieren más detalles. Y nada más entrar, así de sopetón, me asaltó un señor muy educado y me pidió, agárrense, que posase junto a Duran i Lleida, que se encontraba  al fondo de la librería ojeando falsamente libros de arquitectura con cara de haber puesto en medio y de tapadillo un ejemplar de “Barely Legal” (o “Horny MILFS”; no sé, no conozco tanto a Duran). Tal era su cara de satisfacción.

Mi respuesta al asesor convergent fue inmediata:

-Ni de puta coña.

No se rían. Este es uno de los momentos culminantes de mi autobiografía. Sólo me faltó levantarle el dedo anular, soltar un gran pedo y correr a su alrededor haciendo la garza. El asesor, de todos modos, no vayan a creer que se ofendió. Qué va. Se alejó impávido y siguió buscando hasta encontrar a dos señoras voluntarias. No tardó más de un minuto. Hay millones de personas ahí afuera sin autoestima. Desde lejos contemplé la escena: las cheerleaders cincuentonas apuntalando a Duran por banda y banda. El estadista majadero ahí plantado, segurísimo de sí mismo, con sonrisa de viejo verde y evocando vagamente a un Bond alopécico.

Creo que en aquellas elecciones su eslogan fue: “el canvi català per Catalunya”. O “el millor per a tú, home català blanc”. O “Cata-lu-nya-cat-cat-cat-a-lu-nya! Hey!”. A decir verdad, no me acuerdo qué esloganeante gilipollez le representaba, pero en cualquier caso, resulta irrelevante. Ese hombre es una gran NADA con patas. Como todos los ultras de derechas, representa unos intereses, no unas ideas. Raza blanca catalana católica y reaccionaria. Representa al partido de los que son como él. El resto, los otros, que se adapten… Sé que da pereza criticar a Duran i Lleida, sobre todo después de que un amigo estuviese años con el nick Duran i Lleidas soltando majaderías en foros y webs varias. Desde entonces, oigo el nombre Duran i Lleida y ya me da la risa, pero después de las cosas que soltó el pasado lunes este señor en un discurso frente a otros ultras de su partido, hay que arremangarse y demoler. Demoler, demoler, demoler, demoler… como canta Juanito Wau.

Su discurso, tal como lo resumió Ara el pasado día 4 de octubre:

El candidat de CiU per Barcelona a les eleccions generals, Josep Antoni Duran i Lleida, ha alertat aquest dilluns que, ara per ara, “la immigració ja és un problema”. Segons Duran, la qüestió “no s’ha administrat amb rigor” i els ciutadans es troben amb què “el seu pis no es ven a preu de mercat perquè cada dia van més immigrants a comprar a la botiga” del costat o s’adonen que el nivell escolar dels centres públics on van els seus fills “s’endarrereix” per la presència massiva d’alumnes nouvinguts. En un to visiblement dur, el candidat de CiU ha dit durant la seva conferència al dinar-col·loqui de Barcelona Tribuna que “qui no vulgui practicar el deure de la integració, aquí no n’ha de fer res”.

Ahí lo tienen. Lo primero que me sorprende es que, si un discurso como este lo suelta García Albiol, Josep Anglada o Ynestrillas, enseguida se ponen todos los “demócratas” profesionales de cualquiera de los órganos de opinión del país (TV3, La Vanguardia, El Periódico, Ara, Punt Avui… ) a alertar en plan Radio Liberty de “los peligros del fascismo”, “los riesgos del fanatismo”, etc… y una vez calientes, se ponen a elaborar analogías históricas sobre el tercer reich o, peor aún,  a escribir artículos con títulos ultracursis como “el laberinto de la intolerancia” o “el elogio de la pluralidad”. Y sea cual sea la línea editorial del periódico, aflora la moraleja guardiolista del “anem amb compte que al final pendrem mal”.

Oh, cuánto seny. Vomito.

El caso es que el discurso de Duran i Lleida, pese a que los media no se ocupen de él con la contundencia que se merece, y aunque tenga una apariencia algo más inocua, es la misma mierda fascista que sueltan continuamente los ultras anteriormente mencionados.

Lo primero que surge en el resumen de su discurso es la consideración de la inmigración como “un problema”. Coincido con él, es un problema, pero lo es únicamente para los migrantes, que no sólo no pueden subsistir en su país de origen, donde de buena gana se quedaría la mayoría si pudiera, sino que además tienen venirse a las conurbaciones de la miseria, aceptar curros de mierda y trabajar en negro sin apenas garantías sociales.

Pero lo que hace más clarificador el discurso de Duran es el adverbio “ja” (ya). “JA és un problema”, dice. Sorprende ese JA. Es retroexplicativo. Revela que durante muchos años, los años del boom de la construcción y el disparate financiero, cuando inmigración aparecía continuamente como un problema para los convergents y otros derechistas, en realidad no suponía ningún problema. Todo lo contrario: era una puta bendición. Fíjense que incluso Vicenç Navarro, hoy en las antípodas de CIU, llegó a protestar con su habitual argumentario socialdemócrata-obrerista (y de forma absolutamente inhumana e insolidaria) el coladero de inmigrantes, destacando que la llegada descontrolada de inmigración tenía potentes efectos precarizantes en los proletas patrios… (válgame dios).

La cuestión es que los migrantes cobraban –y cobran- miseria por realizar todo el trabajo doméstico, el del campo y la albañilería. Para la economía de la gente adinerada, los empresarios sin escrúpulos y la clase media-alta en general, los inmigrantes fueron absolutamente necesarios. Y por ello hablaron y hablaron de inmigración por puros prejuicios raciales (y estudios electorales) pero no hicieron realmente nada al respecto. No les convenía. Por ello también se mantuvieron grandes rigores burocráticos para la regularización de inmigrantes. Porque lo que sí convenía, como sigue conviniendo hoy, era tenerlos al borde del hambre y bajo riesgo de exclusión, para que trabajasen barato y fuesen susceptibles de ser amenazados con repatriaciones.

De modo que el adverbio “ja” lo dice todo: reconoce que antes, cuando los mismos de CIU y otros partidos conservadores azuzaban el discurso xenófobo, todavía no era un problema sino sólo un discurso. Apuntaba a “problema”, pero aún no lo era. Ahora ya sí, porque no hay pasta para contratar tantas señoras de la limpieza, porque no se levanta un edificio desde hace tres años y, sobretodo, porque compiten en el mercado laboral con los pobres patrios, que son de color blanco y, aunque generalmente hablan catalán bastante mal (aunque hay una incipiente catalanización de la pobreza a medida que sube el porcentaje de exclusión), por lo menos lo entienden, no como esos machupichus que terminan todas las frases preguntando “¿sierto?”.

El fondo de la cuestión es que, en igualdad de condiciones laborales -esto es: precariedad salvaje, mercado negro y pasividad premeditada de Inspección de Trabajo-, la gente como Duran prefiere contratar blancos. Hay una escala de preferencias:  si pueden ser catalanes, mejor que mejor, y si son católicos ya, pues la leche. Si no quedan más cojones, pues españoles, qué se le va a hacer. La última opción es contratar a alguien oscuro. Claro que todo esto es fácil de ocultar con argumentos nacionalistas y meritocráticos. Un lugar común del discurso xenófobo es que la gente de aquí tiene un mejor nivel de formación, aludiendo al mayor desarrollo de las universidades y centros de formación patrios. Esto, en el caso de ser cierto –desde luego, yo he trabajado con infinidad de latinoamericanos formados en sus respectivo países en puestos de alta cualificación (y baja remuneración) y todos han sido tan profesionales como los españolos (¡e incluso como los catalanes!)- no se aplica al supuesto problema actual, puesto que la competencia patrios vs. foráneos se realiza, sobre todo, en puestos de trabajo que no requieren un alto grado formación sino únicamente conocimiento del oficio, experiencia.

En Francia, este discurso meritocrático de mierda se pudo mantener hasta que la nueva generación de franceses no blancos salió de la universidad francesa para acceder a trabajos de alta cualificación. Entonces, en la criba de currículums, se materializó el mismo racismo que antes se escudaba en la falta de formación.

Pero sigamos con El Discurso Duran i Lleida. Nos habíamos quedado en que la inmigración YA es un problema. Abordemos ahora la siguiente tontería. Dice Mr. Proper que la inmigración no se ha administrado “con rigor”. No, por supuesto que no. Y no se ha hecho porque convenía un discurso alejado de las prácticas. Convenía que la satanización conviviese con la explotación. Venen de fora i ens treuen els llocs de treball. Esa cantinela, hacia afuera, como discurso terruñista, identitario e insensible. Mientras tanto, por dentro: a ver Jonathan José, son 600 euros y no te voy a dar el alta en la SS que me cuesta mucho dinero. Súbete al andamio que ya estoy perdiendo dinero.

Además, ese discurso tecnocrático de la “gestión con rigor” neutraliza la carga ideológica reaccionaria que tiene la administración de fronteras y el fomento del trabajo sumergido. No se ha gestionado con rigor. Oh, qué absoluta falta de eficacia. ¡Habrase visto incompetencia administrativa! ¿Para eso pagamos nuestros impuestos? Etc, etc; han leído ese discurso mil veces en las cartas al director de la Vanguardia. Els homenets de seny y su culto a la buena gestión. La feina ben feta y bla, bla, bla… Cambiemos ya de tercio que me duermo.

A continuación, Cabeza Brillante hace mención del alarmante proceso que podríamos denominar gentrificación-al-revés (” i els ciutadans es troben amb què “el seu pis no es ven a preu de mercat perquè cada dia van més immigrants a comprar a la botiga del costat”). La gentrificación hacia arriba es chachi. Siempre que la expulsión del barrio se produzca en favor de los hijos bohemios de la clase alta y los pisos de erasmus, está justificada. Esta gentrificación-al-revés, en cambio, no mola tanto porque descapitaliza a los propietarios, y ya se sabe que, desde los tiempos de la big bubble, en el Estado Español se vive en una Sociedad de Propietarios.

Sí, sí, y somos todos clase media, aunque no se lo crean.

Los inmigrantes tienen la mala costumbre de responder a los precios de la vivienda con dos estrategias, la “guetificación” y la sobreocupación.  En el primero de los métodos, y de forma absolutamente astuta y planificada, sacan provecho de los prejuicios culturales para hacerse con la totalidad de los alquileres de una zona a bajo precio y, con el segundo método, se meten diez o quince en un piso de 50 metros cuadrados, algo que está muy mal visto. Lo primero, puedo entenderlo. Pura pérdida patrimonial. Ya sabemos que la derecha no tiene ideas, sólo bolsillo. En el segundo caso, los reparos que se ponen a la sobreocupación, más que higiénicos, son racismo puro.  O no se entiende. Supongo que cuando lo hacíamos nosotros los catalanes en los años 80, por lo menos lo hacíamos con amor intergeneracional puro (la abuela, la tieta Carme, el tiet Narcís, los 4 hermanos, uno de ellos yonki, y los padres proletas), todos comiendo juntos codo con codo, nunca mejor dicho. No como estos senegaleses, que viven a la buena de dios y ni siquiera están a gusto donde están, siempre pensando en enviar todo el dinero a sus familias y soñando con baobabs y secarrales con elefantes. O quizá sea que los inmigrantes quedan fuera de las previsiones de los cálculos estructurales y de resistencia de los edificios, que deberán medirse a partir de ahora con la unidad pk/m2 (pakistanís por metro cuadrado, tomando 72 kilos como peso medio de un pakistaní).

Como ven, la capacidad ígnea del Discurso Duran i Lleida es ilimitada. Podría escribir días contra su estupidez. Con cada nueva frase de lo que es un extracto de apenas un párrafo que contiene unos pocos segundos de un discurso que debió durar, por lo menos, quince o veinte minutos,  expulso un poco más de bilis. Y no me canso.

Llegamos ahora a mi parte favorita, la falacia que más esgrimen los racistas: el bajo nivel de formación o de educación que los inmigrantes confieren, per se, a cualquier centro educativo. Esta es una narración que hace cinco o seis años ya era equívoca, porque seleccionaba un única y gran variable como es el desconocimiento de la lengua por parte de algunos recién llegados, y soslayaba la falta de recursos humanos y materiales para acometer una formación de refuerzo. En un totum revoltum interesado, ignorando todo factor de pobreza y exclusión social cual deducción econométrica, apuntaba directamente a la estadística de resultados escolares olvidándose de la humanidad entera por el camino.

Y si bien era equívoco entonces, decía, hoy es directamente falso. Finalizado el aterrizaje de nuevos inmigrantes debido a la crisis (recordemos que el número total de inmigrantes en Catalunya lleva dos años bajando), ahora prácticamente sólo acceden a la escuela los hijos de los inmigrantes, es decir, españoles y catalanes, y no escolares migrantes. Por lo que ahora razonemos: ¿estamos dispuestos a mantener que una escuela de catalanes de pura raza (porque insisto, ahora no estamos hablando ya de migrantes sino de razas), comparada con una escuela a la que van niños chinos, negros, andinos y rumanos, todos mezclados, con todos los niños ascendiendo en nuestro sistema educativo desde P-3 y habiendo cursado todos los mismos cursos y las mismas horas, dan como resultado diferencias en el grado de aprendizaje? ¿Sí? ¿Esto es lo que opina el Sr. Duran i Lleida? ¿Vamos a plantear soluciones eugenésicas? ¿Qué propone entonces, repatriar a catalanes de otras razas para mejorar el nivel académico?

Vaya, ahora que lo pienso, voy a empezar a explicárselo a mis tres hijos, que son algo así como los ñetas de Southwest Gràcia (no vean ustedes qué morenos, qué guapos y qué peligrosos), para que vayan enterándose de las ideas de los individuos que nos gobiernan. Oye, Martí, que como eres algo oscuro, pues se ve que bajas el nivel académico…

Pero no nos desviemos. Lo lógico, lo razonable y lo cabal, es pensar que si los resultados escolares son distintos, tienen que serlo son por barrios (o, aunque suene demodé, por clases), y no por razas o por países de procedencia. Pero no sobrevaloremos los factores sociales: quizá tenga algo que ver con el rendimiento de determinados escolares el saber que, por mucho que estudien, regentarán el colmado de sus padres (recuerden al Manolito de Mafalda, o, ya en nuestra ciudad, piensen en cualquier Yusef o Ibrahim de los que corren en patinete por ahí, insultando en urdu a los mossos), o devendrán trabajadores precarios como sus hermanos mayores, su padre, su tío o su abuelo.

Porque reconozcámoslo: aparte de los factores de exclusión ¿qué motivación puede tener un individuo en una educación orientada al trabajo? Sólo una: el futuro. O dicho de otra forma: el dinero. ¡La rabia que sentiré en el momento en que me dé cuenta que mis hijos han dejado de aprender por curiosidad y han empezado a hacerlo para “labrarse un futuro”, “buscarse una salida” y todas esas gilipolleces que sólo conducen al autosacrificio y la alienación!…

Ah, hijitos míos, no hagáis caso de todas esas enseñanzas, suelo decirles, que el futuro pasa por la horticultura y el home brewing.

Todos los días trabajo con licenciados en mil cosas, telecos, ingenieros y superexpertos en esto y aquello, y uno tras otro me demuestran, mientras exhiben un notable grado de autoconfianza, un conocimiento del mundo absolutamente parcelario, descontextualizado, alejado de toda sabiduría y de la buena vida. Aunque algunos me parezcan entrañables, son, en general, un montón de automovilistas que celebran sus propios prejuicios culturales y los goles del Barça. Y todos ellos han salido de las mejores escuelas y universidades.

En algún momento de los párrafos anteriores he hablado de repatriación y seguro que ustedes han dado un respingo. Coño, este está empezando a exagerar. Pues no: sepan ustedes que políticas basadas en esta línea de pensamiento antihumano que recorre todo el espectro político electoral enlazando a socialdemócratas con democristianos y fascistas en general ya tienen una plasmación en forma de acción pública y equipamientos. Están, en primer lugar, los operativos policiales para dar caza a sin papeles, cada vez más abiertos y desvergonzados. He presenciado unos cuantos aquí en Collblanc. Sólo les falta colocar un brazalete blanco a quienes tengan rasgos andinos. En segundo lugar, están los CIE (Centros de Internamiento de Extranjeros), auténticos limbos desregulados en donde se hacina a los futuros repatriados privándoles de libertad por una simple y pura situación administrativa irregular. Comparen ustedes el castigo con lo que le ha caído al Sr. Millet.

La última parte del discurso reseñado es sencillamente una incógnita: “qui no vulgui practicar el deure de la integració, aquí no n’ha de fer res”. Esta es una frase que entra dentro de lo que podríamos denominar “paralegalidad patriarcal”. Un mundo oscuro. El kernel de la dominación. Un poco como el clásico mandato “en mi casa se hace lo que yo digo y ya está bien de entrar y salir”. O “si sales por esa puerta no hace falta que vuelvas”. ¿Qué ley vigente hay en la que se defina el “deber de integración”? ¿Qué reglamento contiene el precepto “eh, piltrafa, ya está bien de aparecer sólo para comer que esto no es un hotel”? Ninguna. ¿Y de qué manera podría regularse? Decentemente, de ninguna manera. Porque si nos ponemos a establecer un nivel de cultura catalana o española básica aquí catea todo dios. Aparte del nauseabundo trabajo de fabricación de un corpus catalanus basicus (o españolus). Y si lo que se pretende es imponer el conocimiento de una lengua a los adultos, para ser justos, no sabríamos por dónde empezar (aunque yo tengo una idea: Pedralbes)…  Ya puedo escuchar a algunos: ¡que se aprendan la constitución! ¿La constitución? Menudo coñazo. ¿Y además, habrá que aprendérsela así de memoria, como la lista de los reyes godos o los ríos de la cornisa cantábrica?

Lo que parece que no han asumido los conservadores como Duran, y por eso admiran tanto a EEUU y tienen esa afición irrefrenable a visitar New York una y otra vez (oh, es tan multicultural, oh, es tan grande, oh, fíjate la zona 0, qué sufrimiento), es que la integración tiene varios grados, y que no todos los estados exigen lo mismo. Ellos ponen siempre como ejemplo EEUU, en donde todo el que llega aprende inglés, coloca una star spangled banner en el taxi y aprende a cuadrarse cuando suena esa ridiculez de himno. Aquí las cosas son diferentes. El nacionalismo catalán no es tan exigente ni tan amenazador como el patriotismo estadounidense. Además, si se pusiese a exigir algo no sabría qué exigir, pues no es tan simplón como aquél. Gracias al cielo, aquí nadie se siente obligado a colocar banderitas o cantar els segadors antes de levantar la santamaría del bazar (imaginen qué depresión). Una de nuestras mayores virtudes, por no decir la única al respecto, es que durante todo este tiempo no nos hemos encarnizado culturalmente: les hemos dejado en paz. Han formado sus guetos, como todo migrante en todo lugar, han seguido con su religión, como todo migrante en todo lugar, y poco más o menos, gracias a ese remanso identitario, se han acostumbrado a vivir lejos de casa. Quitadles eso y la revuelta está servida.

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3 pensamientos en “El Discurso Duran i Lleida

  1. Marc dice:

    Fan del concepto “gentrificación al revés”.

  2. erbobo dice:

    Fan del artículo entero.

    Duran i Lleida ha conseguido llegar a decir lo que decía Ynestrillas hace 15 años, no caer tan mal, y además, estar en el poder.

    Sigue pareciendo el “tiet ric de Balaguer” que es un facha pero en Navidad nos trae melocoton en almíbar, turrón y una réplica en miniatura de la Seu ( tenemos 8 ya). Que te dan ganas de mandarlo a la mierda y abrirle la cabeza con la puta réplica, pero tus padres siempre te dicen que te estés quieto, que es muy campechano y total, sólo viene por Navidad. Y por lo que más quieras, no vuelvas a sacar el tema del “desgraciado accidente” que sufrieron dos de los negros que recogían sus melocotones.

    Perdón por la digresión.

    A raiz del último punto de su vómito; “qui no vulgui practicar el deure de la integració, aquí no n’ha de fer res”, se le podría aconsejar que lo aplicara a los ejecutivos alemanes que viven en la Ciutat Diagonal y llevan a sus hijos al Liceo Alemán en un coche alemán. Ah!! Que tienen dinero y no molestan? Ya. Pues no lo entiendo, oiga. Me lo puede explicar otra vez, señor Duran? Es que, al compartir aula en Nou Barris con subsaharianos y miembros de la etnia romaní, pues no llegué a lo esperado académicamente para un charnego, sabeusté? Me cuesta entender sus teorías y acabo por pensar que todo lo hacen por la pasta… Si hubiera estudiado en un col.legi català-català de Sarrià seguro que lo entendería todo perfectamente.

    Hijodeputa, hay que decirlo más.

    PD: Me ha molado lo de “ñetas Southwest Gracia”. Me ha recordado a los chavales del sofá en The Pit, de The Wire.

  3. Alberto dice:

    “Aunque algunos me parezcan entrañables, son, en general, un montón de automovilistas que celebran sus propios prejuicios culturales y los goles del Barça. Y todos ellos han salido de las mejores escuelas y universidades”.

    Joder! Qué gran verdad.

    Trabajo en una oficina con gente muy formada y muy catalana toda ella.

    La misma gente que el mismo fin de semana en que los mossos molían a palos a manifestantes pacíficos en Plaça Catalunya -manifestantes que lo hacían por los derechos básicos de tod@s nootr@s- NADIE dijo nada al respecto.

    Eso sí, no se escatimaron vítores al Barça, a Shakira y a Catalunya por la victoria futbolística en Londres. Ehhh? això que no falti.

    Una puta vergüenza, en suma.

    A

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