Otra vez año nuevo

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enero 12, 2012 por carlosalonsoromero

No hay época en el año más desagradable que su final, cuando nos regurgitan en videos e infográficos lo que vale la pena recordar. Que “hemos” ganado esto y aquello y que, alégrese telespectador, porque los deportistas de élite en España están hoy más en la élite que nunca. Aparte, un señor de Mataró ha estado en el punto exacto del polo sur, en la Antártida, y ha constatado que, efectivamente, allí no hay nada, lo cual refrenda nuestra petición de que el espíritu de superación figure de una puta vez en el catálogo DSM en su apartado de neurosis obsesivas. Y todo esto respecto a las cosas de la vida y los deportes. Luego está el asunto del dinero. Perdón, las mayúsculas: El Asunto del Dinero. 2011, sobretodo, ha sido un año de profundización en la crisis, porque los mercados ante el déficit, ya se sabe, tienden a contraerse y propician un gran aluvión de metáforas: inyecciones, rescates, recortes, mandobles y enroques. En mi jerga: porculizaciones. Los videos resumen del año muestran indignados-transición rápida-parquet-gusanos con corbata y, en general, lo de siempre: ¿1975 o 2011? El esquema básico vuelve a ser el mismo. Hay un cerdo capitalista arriba y la masa enfurecida bajo su pie. Muy old school todo, aunque entremedio hayamos tenido un breve paréntesis de posmodernismo.

Yo no sé qué más se puede aportar sobre el gran fraude del capitalismo financiero, ahora que casi todos los economistas en el planeta (por lo menos los que no trabajan a sueldo de corporaciones y gobiernos) están dedicados desde hace meses al desensamblaje y la denuncia de las teorías oficiales: que no, que ahorrar ahora no sirve, sólo empeora las cosas, que endeudarse es la base de la propia reproducción económica e incluso de las células de economía familiar… Aaay, pero por allá por las alturas tampoco es que escuchen demasiado. Al fin y al cabo, primero van los intereses de clase y luego se hace teoría a medida. Hasta que no se la peguen de nuevo, y de forma aún más gorda y sonora, no darán su patita a torcer. Aunque si he de ser sincero, tampoco siento demasiada inclinación a sumarme a las voces que quieren hacernos retroceder a los tiempos de antes de la tormenta, hasta el capitalismo productivo, allí donde todo era mejor y la socialdemocracia funcionaba. Oh, qué tiempos aquellos… Pe… pero, un momento, aquello tampoco estaba funcionando demasiado bien ¿recuerdan? Sí… ¿Han olvidado que todos salimos a la calle porque la reforma laboral tralarí, la ley de extranjería tralará, el FMI fíjate tú qué hijosdeputa y la UE menuda unión de majaderos liberales?

Conclusión: este régimen económico actual no me sirve, gracias, pero no se preocupen en traerme uno nuevo. Ya nos arreglaremos nosotros.

Aunque sí, coincido con la mayoría de radicales en que era un poco más agradable, o por lo menos, que no se atrevían a decir barbaridades como estas que se escuchan últimamente: “la sanidad tiene que ser rentable”, “a vuestros hijos tienen que educarlos en la Empresa”, “ahora no es el momento de buscar las causas sociales de la crisis”, “los empresarios tienen derecho a contratar durante segundos y pagar fracciones de céntimo”, “ésta es la única opción que tenemos”… Algunas oraciones están hinchadas, pero todas conservan el sentido original. Sólo me falta escuchar un “os vamos a matar a todos”. Si no fuese porque les hace falta nuestra fuerza de trabajo…

Todo el párrafo anterior ha sido un intento de decirles que las cosas, con lo sencillas que son, se nos han complicado demasiado. Taibbi recomienda colocar guillotinas al sur de Manhattan. Me sumo a la propuesta. Nosotros colocaremos otra en Passeig de Gràcia. Y no hay mucho que yo pueda añadir al clamor del 15M que todavía resuena. Para lo que pueda servir, les dejo con el gran David Graeber, a quién no conocía hace 15 días, y a quien, gracias a la recomendación de Perla Primicias, hoy invitaría de buen grado a que me hablase durante siete horas sobre democracia, deuda, parentesco y monetarismo frente a una jarra espumosa de una IPA amarguísima. Ahí van dos párrafos seleccionados de Fragmentos de una antropología anarquista, el primero sobre el trabajo asalariado, y el segundo sobre la violencia política, mis asuntos sociales predilectos:

Lamento tener que decir esto, pero la interminable campaña para naturalizar el capitalismo reduciéndolo a una simple cuestión de cálculo comercial, lo que sería equivalente a afirmar que se remonta a la antigua Sumeria, clama al cielo. Al menos necesitamos una teoría adecuada de la historia del trabajo asalariado, y de otras relaciones similares, ya que, después de todo, es al trabajo asalariado, y no a la compra y venta de mercancías, a lo que dedica la jornada la mayoría de humanos y lo que los hace sentirse tan miserables. (Aunque los miembros de la IWW no se definiesen como anticapitalistas, muchos lo eran, llegando a manifestarse «contra el sistema del salario».) Los primeros contratos salariales que se conocen fueron en realidad los de los esclavos. ¿Qué os parece un modelo de capitalismo surgido de la esclavitud? Donde algunos antropólogos como Jonathan Friedman afirman que la esclavitud no era más que una versión antigua del capitalismo, nosotros podríamos argumentar fácilmente, de hecho con mucha más facilidad, que el capitalismo moderno es en realidad una versión renovada de la esclavitud. Ya no es necesario un grupo de personas que se dedique a vender o alquilar a otros seres humanos, nos vendemos nosotros mismos. Pero en definitiva no existe una gran diferencia.

(…)

A los académicos les encanta la teoría de Foucault que identifica conocimiento y poder y que insiste en que la fuerza bruta ya no es un factor primordial en el control social. Les gusta porque les favorece: es la fórmula perfecta para aquellos que quieren verse a sí mismos como políticos radicales aunque se limitan a escribir ensayos que apenas leerán una docena de personas en un ámbito institucional. Por supuesto, si cualquiera de estos académicos entrara en una biblioteca universitaria para consultar un volumen de Foucault sin acordarse de llevar una identificación válida, decidido a hacerlo contra viento y marea, descubriría rápidamente que la fuerza bruta no está tan lejos como desearía creer: un hombre con una gran porra, y entrenado en su uso contra la gente, entraría pronto en escena para echarlo.

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Un pensamiento en “Otra vez año nuevo

  1. Kiko dice:

    No es esclavitud, hombre,
    ¡es peor! Un esclavo, por lo menos, podía mantener su dignidad a salvo… lo de ahora es robotización y ¿qué distingue un robot de un esclavo? Un esclavo sueña con la libertad y un robot sueña con que le den trabajo…

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