Clarividente OIT

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enero 26, 2012 por carlosalonsoromero

Tercera conclusión del último informe de la OIT:

“En tercer lugar, lo que ahora más se necesita es apuntar a la economía real para venir en apoyo del crecimiento de los puestos de trabajo. A la OIT le preocupa de manera muy particular el que, a pesar de los grandes paquetes de estímulos, esas medidas no han conseguido eliminar el incremento de 27 millones de desempleados registrados desde el impacto inicial de la crisis. Evidentemente, las medidas políticas no han apuntado bien a su objetivo y precisan de reformulación y corrección conforme a su eficacia…. Políticas que han probado plenamente su eficacia en la estimulación de la creación de puestos de trabajo son, entre otras: los programas de extensión de las coberturas de desempleo y de trabajo compartido, la reevaluación de los salarios mínimos y de salarios subsidiados, así como el robustecimiento de los servicios de empleo público, los programas de obra pública y los incentivos a las empresas (que tienen impacto observable en el empleo y en los ingresos).”

Y quinta:

“En quinto lugar, para ser efectivos, los paquetes adicionales de estímulos no pueden poner en riesgo la sostenibilidad de las finanzas públicas incrementando más la deuda pública. A este respecto, un gasto público plenamente respaldado por aumentos en la recaudación puede todavía proporcionar un estímulo a la economía real merced al multiplicador del presupuesto equilibrado. En tiempos de demanda caída, expandir el papel del estado en la demanda agregada ayuda a estabilizar la economía y adelanta un estímulo nuevo, aun si el incremento del gasto está plenamente respaldado por aumentos simultáneos en los ingresos fiscales. Como se sostiene en el presente informe, los multiplicadores del presupuesto equilibrado pueden ser amplios, especialmente en el actual ambiente de capacidades masivamente subutilizadas y altas tasas de desempleo. Al propio tiempo, el gasto equilibrado con ingresos fiscales más altos asegura que el riesgo presupuestario se mantiene lo suficientemente bajo como para satisfacer a los mercados de capitales.”

Generalistas sin doctorados y pueblo llano llevan AÑOS pensando esto a lo que finalmente han llegado los expertos en el tema. Las conclusiones 3 y 5 llegan con tres inviernos de retraso y unos cuantos millones de pobres después… La indigencia intelectual de los nobles del imperio se ha establecido en la más pura criminalidad. Todos saben que se equivocan pero eh, este no es el momento de asumirlo… A ver si adentrándonos más y más en el agujero terminamos por encontrar algo de luz. Hasta que nos sumamos en la Gran Depresión que parecen estar buscando.

Les resumo el proceso, por si me lee algún cobarde gnoseológico de la era 2.0, tan amiga de los extractos y tan enemiga del pensamiento largo: se recortan salarios, se recorta gasto público, entonces la gente gasta menos, luego la economía productiva se sobrecarga de stocks y finalmente quiebra.

Pim, pam, pum. Fuera ingreso, fuera gasto.

Esto por un lado.

Por otro lado, empieza a parecer una enfermedad del pensamiento (casi un defecto del aparato lógico de la raza humana; ¿tal vez una anomalía en el hemisferio izquierdo? ¿neuronas suicidas? ¿conexiones sinápticas inertes?) esto de pensar que todos los antropomorfos tenemos que trabajar asalariadamente y, además, adaptarnos a cualquier imbecilidad propuesta por el mercado.

Si subimos el foco se puede ver la imagen completa del camino recorrido hasta este cénit de idiocia macroeconómica. Claro que hace falta dejar la visión economicista a un lado, si son ustedes capaces. El caso es que un montón de procesos se han alineado para hacer de nuestra fuerza de trabajo una energía cada vez más innecesaria. En los últimos cien años se ha industrializado el campo, eliminando el trabajo en un 90% en el sector primario y forzando un desplazamiento a la ciudad de toda la fuerza de trabajo sobrante. En segundo lugar, y paralelamente, se ha producido un importante avance en la robotización de las cadenas de producción, forzando otro desplazamiento del segundo al tercer sector. Posteriormente, se ha reventado la burbuja inmobiliaria (obsesionada por construir una cabaña superflua de viviendas para segundas y terceras residencias). Y para completar la escena, dos ondas seguidas de automatización de procesos (la segunda de ellas innecesaria, de puro embellecimiento web) han consigido que cada vez más dueños de los procesos automatizados desistan de la absurda renovación permanente de su infraestructura tecnológica. Para qué, observan razonablemente. Ello pone en cuestión el actual modelo TIC y en el abismo su inmenso nicho de trabajo…

Colateralmente, deslocalización (este y ese trabajo se van allí), financiarización (creación de dinero sin trabajo asociado) y desalienación (población creciente despierta y sin ganas de trabajar).

Supongo que he mezclado en un totum revoltum procesos de onda larga con procesos de onda corta. Mis disculpas a los sociólogos. En cualquier caso, sirve para concluir que este cúmulo de factores dibujan un escenario que, en términos científicos, queda “tirando a complicadillo”. Y sólo será posible conseguir los 600 millones de puestos de trabajo que hacen falta de tres maneras:

1. Repartiendo el poco trabajo que hay, con la precarización que eso conlleva. ¡Una división del trabajo antifordista!… para la reducción de la productividad en terminos netos.

2. Regreso al decadente esplendor colonial: recuperación de oficios olvidados e innecesarios. Ascensoristas, mocosos llenándote la bolsa del supermercado, serenos, gorrillas con licencia municipal, etc… Un poco lo que ya se está haciendo con jerga posmoderna: y si no piensen en esos encargados de la compra para los ricos denominados personal shoppers. Lo que viene a ser el nicho de stupid bussiness del nuevo emprendedoriado. Esclavitud vestida de seda.

3. Desindustrialización. Vuelta al trabajo a escala humana. Talleres y productos duraderos. Una generalización del modelo slow/eco o como quieran ustedes llamarlo. Back to the roots.

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Un pensamiento en “Clarividente OIT

  1. Dani dice:

    El análisis me ha parecido interesante y bastante correcto. Me parece que vivimos en un auténtico mito que es que la sociedad espectacular-mercantil siempre crecerá y nunca se colapsará. Que después de garantizar (dejando a un lado el problema del reparto desigual) la comida, la vivienda, el transporte, el ocio… básicos, y por causa del aumento de productividad, seguiremos consumiendo frenéticamente baños de “pisciterapia”, viajes a destinos turísticos cada vez más exóticos, gadgets tecnológicos de absolutamente todo tipo que nosotros mismos gracias al marketing nos convenceremos de que deseamos… Un mito, vamos, que no se aguanta.

    Y sin embargo los medios cada vez se afanan más en hacerse eco de la voz de los expertos económicos: Banco de España, BCE, FMI, lo que sea… que advierten de que, ¡oh, horror!, el crecimiento económico de los dos próximos años se prevé negativo, ¡de un -1,5%! ¡Hundimiento de la civilización occidental, megacrisis!

    Pero si el Barcelona consigue 99 puntos un año y 97 el siguiente, ¿hay crisis de juego y resultados?

    Si te tomas 2000 cervezas un año y 1975 el siguiente, ¿has dejado la cerveza?

    Si compras el periódico 340 días un año y 330 el siguiente, ¿has dejado de ser un fanático de la lectura de la prensa?

    Los sumandos por separado, las mercancías reales, todos entendemos que no necesitamos que crezcan. Por mucho que te encanten los cocidos, no aspiras a comerte cada año un 3% más de cocidos que el siguiente. En cambio, ese agregado abstracto que es la economía de mercado sí se mide en crecimiento del PIB, y si no lo hay, tenemos un problema.

    Es absurdo y desesperante cómo la lógica de la acumulación ciega, en espiral autoalimentada hacia el infinito de su propia abstracción numérica, de las mercancías, que está en el corazón de la lógica capitalista de la maximización y aumento del beneficio, del dinero en definitiva, ha dominado hasta tal punto nuestras vidas.

    ¿Para qué sirve un euro? Para convertirlo en dos euros. ¿Qué mercancía es buena? La que se vende, la que “es”. ¿Qué trabajo es bueno? El que participa en la producción de mercancías con un valor de cambio superior a su coste de uso. Con esta lógica abstracta, cuando el fuelle del crecimiento y la acumulación falla, caemos en el absurdo. No podemos comernos el excedente en gadgets electrónicos o los pisos que se construyeron porque todo subía (no porque fueran necesarios para vivir en ellos; sobraban).

    Las lechugas no dejarán nunca de ser necesarias; los que antes trabajaban para producirlas, sí. Y sólo en tiempos de euforia consumista y expectativa de crecimiento pueden compensar su condición de superfluos trabajando en telemarketing o diseño web.

    Cuando la sociedad del espectáculo se desmorone, ¿sabremos volver a arar la tierra? ¿nos quedará tierra para eso?

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