Horace Andy al rescate de Rasquera

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marzo 23, 2012 por carlosalonsoromero

La maría es un buen refugio en tiempos de crisis. Días de autocultivo y noches de consumo doméstico hacen frente a peceras caras de gintonic de pepino con tónica sudafricana y sandwitches de algas caramelizadas con tofu a ocho euros la pieza. Váyanse a cagar, restauradores de moda. Droga barata frente a la Barcelona, ya decadente, ya inasequible, del diseñito y la gilipollez. No hay dinero para todo, así que vamos a drogarnos bien, joder, sin refinamientos. Hazte una L, Ramon.

En el barrio hay una proliferación de grow shops extraordinaria e incluso tengo algún conocido que se ha convertido en horticultor de interiores por encargo (él es el grower, ni consigue las semillas ni vende el material, sólo se encarga de hacer crecer las maticas). Junto a mi portería hay una tienda que está puesta cojonudamente. Y hay un fertilizante que se anuncia con la foto de un rinoceronte que tiene a mi hijo enamorado. És ferotge el rino, eh, papa? Sí, fill. Jo m’escagarrino només de veure’l. Dan ganas de comprar un armario de esos con forro de aluminio y luces halógenas incorporadas. Aunque sea para cultivar judías.

Además, tienen unos cacharritos muy curiosos con unos nombres muy bonitos. Yo el otro día estuve a punto de entrar para comprar un grinder, aunque no tengo ni puta idea de qué es. Un cacharro que se llame así tiene que ser formidable a la fuerza. ¿Qué mal puede hacerle a la sociedad un pobre grinder?

En los últimos días hay una gran la polémica respecto a la iniciativa municipal de Rasquera, en donde el ayuntamiento se ha puesto en contacto con una asociación cannábica y quiere hacer crecer plantas en suelo municipal para reflotar las finanzas, asegurando que todo lo cultivado se va a destinar a los asociados en cantidades atribuibles a consumo propio. La verdad es que acabo de revisar el código penal en su capítulo de “Delitos contra la Salud Pública” (y que luego haya quien critique conceptos como “el cuerpo social”…) y me he dado cuenta de que si cada asociado se va al terreno de cultivo y pilla la cantidad que le toca, no hay delito de tráfico de drogas por ningún lado… Juristas que leáis esto: corregidme, si hay que hacerlo. Las leyes son extrañas y no se entienden: lo normal es equivocarse.

Seguimos: dicen en Rasquera que el plan de pagos a proveedores del PP les aboca a gastarse TODO el presupuesto del año (algo menos de un millón de euros, cuando deben bastante más de un millón) en satisfacer a sus acreedores, lo cual equivale a suspender la actividad municipal. Ah, la puta crisis, ya estamos otra vez. Antes se financiaban vendiendo suelo público, ahora hay que buscarse la vida, y no se atisba ninguna fórmula mágica. Todo pasa por “invertir en”, y no hay dinero. Que venga el dinero de fuera, entonces. Chinos, Árabes, aquí estamos, somos vuestras putitas. ¿El Estatuto de los Trabajadores? No, no… señor Hung, sólo es un libro orientativo, no se preocupe…

El fin de ciclo de construcción y endeudamiento, además de abocarnos a la crisis y a un 15% extra de desempleo (el 8% preexistía), ha dejado zombi a gran parte de la administración, sin ingresos y sin posibilidades de seguir ejerciendo sus competencias. Siguen moviéndose pero ya no están vivos. Una economía mundializada que compite, casi exclusivamente, ajustando salarios, sólo ofrece una alternativa rentable: la delincuencia. Ese es el primer ámbito de la creatividad, y el “emprendizaje” (qué náuseas al escribir la palabreja) sólo viene después, cuando uno advierte los riesgos de atracar un banco.

De modo que al fin llegamos a donde quería llegar yo: la astroeconomía del Niño-Bizarro; ¿cómo cojones sabía este adivinador que en el 2012 la estrechez salarial y el fin del ladrillo nos conducirían a la legalización de la ganja? ¡Shiiiiaaaat! El día que escuché esta previsión en una entrevista con el pandit de la siderurgia me sonó como un desvarío más: “en 2012 el déficit será del 40%, las gallinas pondrán un 0,4% más y, no me acuerdo qué más, ah, sí, se legalizará la marihuana…”. Un momento: ¿Cuántas variables maneja el Niño-Bizarro en sus proyecciones: doscientas mil? ¿Con qué alucinante megaecuación gestiona semejante matriz? Pero, y si no tuviese que ver con el conocimiento científico ¿Y si son intuiciones surgidas en tardes de lectura de David Ricardo con King Tubby atronando? ¿Acaso estaba con el recortapatillas eléctrico perfilándose la chiva y escuchando The Slackers cuando le asaltó la visión de un Little Amsterdam en el Deltebre? ¡Qué cerebro tan increíble!

Pero no hay que dejarse llevar por el sarcasmo: el marcianismo económico del Niño-Bizarro tiene múltiples equivalentes académicos como los representantes de Fedea o los lumbreras del FMI, que aciertan incluso menos que nuestro Profesor Bacterio de la adivinación maltusiana. El Niño-Bizarro, sencillamente, es una expresión de enajenamiento más pública, pero no más profunda.

Lo que quiero decir es que, al final, hay una cierta lógica en el razonamiento del economista: nuestra península no tiene ninguna ventaja comparativa, ninguna línea de producto en la que podamos destacar respecto a nuestro entorno (a menos que equiparemos nuestros salarios con los de Mali, aunque todo se andará), si exceptuamos los calçots, las bombas de racimo, algún queso de oveja y los emprendedores que crean aplicaciones móviles de geolocalización para anticipar la migración de los vencejos. Y esto último, al final, no es que sirva para demasiado: los vencejos terminan llegando siempre cuando les da la puta gana, nunca antes. Y este año van con retraso, permítanme añadir.

Españolos y catalanos, vascos y vascas, tenemos que superar nuestros prejuicios moralistas. Hagamos aflorar la actividad ilícita. ¡Que los homegrowers, finalmente, puedan pasar por los artesanos que son! Algunos cogollos son una auténtica virguería. ¡Y cómo huelen! Si queremos salir de la crisis ya habrá que reemplazar sectores productivos completos. Hay que cultivar droga. Llevar la agricultura a la ciudad. Hacerse uno su propia cerveza. Instalar colmenas en los patios. Hacer pan. Ese el futuro. Y ahora ya no estoy de coña. Hay que fumarse el capitalismo industrial.

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