La Relocalización va a lle-gaaaar….

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mayo 31, 2012 por carlosalonsoromero

Uno de cada cinco empresarios ya piensa en abandonar China. No se sabe muy bien si es una protesta contra la burocracia estatal que complica el proceso de explotación de la mano de obra esclava o si es realmente una encuesta imparcial en la que los empresarios expresan sus reparos sobre los límites de la acumulación. Saliendo de donde sale, una cámara de comercio, me inclino más por la primera opción. Pero en cualquier caso, si diésemos credibilidad a los resultados de la encuesta, podríamos extraer una conclusión clara: la huida hacia adelante del capitalismo va quedándose sin territorios vírgenes. El Capitalismo Productivo (lo digo para diferenciarlo de su hermanastro el Capitalismo Financiero) se fue de aquí hacia el Este de Europa, de donde siguió la huída hacia el sudeste asiático y China… Los márgenes se estrechan y ahora quiere volver a migrar. Pero ¿hacia adonde? No hay mucho más recorrido para su fuga. ¿África? ¿La Antártida? La respuesta que algunos han empezado a dar es esta: llega la relocalización (o desglobalización). La izquierda francesa lo promueve abiertamente. Melenchon habla de la globalización como del inicio de la decadencia de nuestros derechos. Simplificando, el mensaje es “oh, esto es un desastre, regresemos al capitalismo productivo de antaño: regulado, supervisado, previsible…”. Que este planteamiento salga de la izquierda me hunde en la miseria ¿Alguien quiere volver a ver los ríos espumosos, volver a las cadenas de montajes, a los tres turnos, 24-7, los trabajadores atados a las máquinas, combustibles quemando, ensuciando, contaminando? ¡La fábrica es un infierno! El imaginario obrero la dignificó muy cristianamente como lugar al que uno va a ganarse el pan con el sudor de su frente, pero eso no deja de ser un discurso injertado. Una necesaria  dosis de autoengaño para superar la realidad. Un poco como aquel otro autoengaño complementario en el que el empresario es ese prohombre que alimenta a 300 familias. Si algo bueno ha tenido la caída de este ciclo de acumulación (el segmento de la onda al que llamamos crisis), es que buena parte de la mierda que acompaña al capital en su reproducción ha desaparecido con él. Arreglemos sólo lo que merezca la pena arreglar, por favor.

Por ejemplo, entre los 50 y los 80 del siglo pasado, cuando el capital aún no había despegado en busca de un coste salarial más bajo, se instalaron polígonos y zonas industriales en una extensión que muchas veces superaba el área habitada de la localidad. Estoy seguro que muchos jóvenes deben creer que han sido diseñados para acoger filmaciones de videoclips o hangares para la tecnoborregada.  Pocos creerían que allí antes se fabricaban cosas. ¡Ah, los polígonos! ¡La supuesta raíz del comportamiento sociopático juvenil! Se supone que en esos parajes deshumanizados se ha echado a perder toda una generación. ¡Y pensar que durante una época la cantidad de polígonos adosada a una localidad era un medida de progreso! Con todo esto, me sorprende que hoy día no haya un cierto debate entorno a estas áreas: ¿deben volver a ponerse a producir? O mejor: ¿deben ponerse a producir lo mismo que antes? ¿Deben regresar al sector de la transformación? Y más allá de estas preguntas: ¿deben sus propietarios poder determinar su suerte, aunque ésta sea socialmente detestable? Vale la pena empezar a  pensar en el desmantelamiento de la mayoría de estas zonas. Es absolutamente irracional hacer que la gente se desplace tanto para trabajar, y es completamente irracional volver a envenenar la tierra, el aire y el cielo para que dos o tres saquen tajada y el resto cáncer de tiroides. No tiene ningún sentido volver a poner en marcha una planta de galvanización de rótulas metálicas para cementeras móviles. Y que conste que este último producto me lo acabo de inventar, pero es que la mayor parte de las cosas que se producen echando humo y condenando a las personitas hipotecadas a mover sus brazos como robots son de una fabulosa inutilidad. Que si no existiesen, vaya, no pasaría nada: nos apañaríamos igual.

Y a todo esto, al margen de los polígonos, qué hacemos con su versión postindustrial: ¿qué pasa con los parques tecnológicos? ¿Tenemos el mismo problema con ellos? Mmmpsé… Teóricamente, estos polígonos del trabajo inmaterial nacieron para satisfacer tres imperativos empresariales: huir de la concentración de las ciudades, reforzar las relaciones empresariales (efectivamente, me refiero a las “sineeeeergias”, pronúnciese como Patricio Estrella cuando estira su nombre) y ocupar un espacio más barato que el urbano. Puede que hayan logrado sus objetivos, sí, pero ha sido a base de externalizar a los presupuestos municipales y autonómicos buena parte del coste de su implantación ¿o de verdad vamos a creernos que los impuestos que pagan estas compañías dan para sostener espacios públicos tan extensos y con infraestructuras tan perfectas? Probablemente, si las administraciones públicas pasasen la factura completa del coste de estas áreas empresariales, habría una inmediata estampida. Y luego esta el tema de que son feos, muy feos, y que le quitan a uno todas las ganas de vivir. No sé para qué le doy tantas vueltas.

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5 pensamientos en “La Relocalización va a lle-gaaaar….

  1. Dani dice:

    Bueno, el Poblenou no es tan, tan, tan feo, y está repleto de estas oficinas donde trabaja gente moderna que hace cosas modernas y muy tecnológicas. Aunque también hay una empresa de helados o algo así, no muy lejos de casa (C. Bilbao/C. Perú) y que emite un ruido infernal por las noches.

    Pero todo es tan irracional que me da la sensación que la gente que está trabajando ahí lo hace, conscientemente o no, sólo para seguir chupando del bote tecnológico-industrial mientras siga coleteando.

    Y, es cierto, objetivamente no es necesario. Pero si pones a chicas con patines en Glòries y carteles anunciando que no sé qué nuevo móvil tiene no sé qué nuevos avances, y El Periódico pone unos cuadraditos para ver vídeos y la gente piensa que es necesario poder usarlos (mentira), y sale un producto que permite no leer ya libros de papel (horror de los horrores) y la gente aun así lo compra… entonces el Poblenou, perdón, Mr. Hyde el 22@, tiene el futuro garantizado.

    • carlosalonsoromero dice:

      Sí, Dani, lo de las cárnicas últimamente no tiene nombre (chupar de la teta tecnológica, tú lo has dicho bien): yo no me explico de qué coño viven todos esos “clústers de conocimiento”… ¿Pero quién coño está comprando sistemas de gestión ahora? ¿Quién ha quedado con ganas de involucrarse en una renovación tecnológica de sistemas (viendo lo poco rentable que fue el cambio a tecnologías web)? En fin, supongo que será el próximo sector en petar…

  2. Paco dice:

    Que tal?
    Aunque no deje demasiados comentarios sigo este blog con pasión. Tus reflexiones, Carlos, me parecen muy lúcidas y necesarias en el momento que vivimos.
    Yo crecí en un pueblo como el que mencionas; más fábricas que casas, un rio que apestaba y además mi padre era vigilante de una empresa y vivíamos en su interior. 40 m2 en los que el infernal ruido de las máquinas se colaba sin descanso. El resultado de todo ello fui yo: una personita neurótica, repleta de adicciones y con un odio profundo al trabajo. Bueno, quizás esto último no es tan negativo!

    Saludos cordiales.

    • carlosalonsoromero dice:

      Gracias, Paco…

      Sí… yo al ser urbanita de tipo tonto (aún me rio al ver a las gallinas), el acercarme a una fábrica y verla por dentro me parece una experiencia MUY desagradable. Las fábricas son repugnantes. Lo mejor que podríamos hacer es robotizarlas del todo, sacar a la gente de ahí y repartir las rentas entre todos.

      • horitzonsinesperats dice:

        Esa es la tendencia, fábricas con cada vez menos uso de mano de obra humana por unidad de mercancía fabricada.

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