TRABAJO (III)

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junio 12, 2012 por carlosalonsoromero

Los primeros en darse cuenta oficialmente fueron los alemanes.

Advirtieron que, en una tecnodemocracia (o una democracia madura, como muchos prefieren describirla), no hace falta tanto trabajo. De modo que, visto el amplio rechazo social e institucional hacia las sociedades con tasas de desempleo elevadas, decidieron esconder el desempleo bajo la alfombra. El truco, ya lo saben: minijobs. El trabajo que hacía uno, ahora lo hacen tres. Claro que el salario no es el mismo, pero eh, lo importante es que ya no hay desempleo: asunto arreglado. Vayamos a otra cosa. Por ejemploooo… ¡El déficit, españolos! ¡Arregladlo!

Cada vez va quedando más claro que no hay trabajo para tantos humanos en esta parte del mundo. Y tampoco parece que tenga mucho sentido crear trabajo por el mero gusto de crearlo, habida cuenta el impacto ecológico que tiene tanta producción de naderías y considerando además el escaso aprecio que los humanos le tenemos al curro.

La solución está clara: menos trabajo, más renta. No hay fórmula mágica, sólo redistribución.

Hasta Carlos Slim se ha dado cuenta. Claro que, vete a saber: él debe estar pensando en la cantidad de pelis online que podrá alquilar por streaming a todos esos mierdas ociosos, o la cantidad de megas por segundo que facturará… La cuestión es que, incluso salido de la boca de una sabandija como él, tener libres 4 días a la semana suena como una sentencia del más puro y humano sentido común.

Declarado el objetivo, la estrategia os la debo. De cómo podemos salir de este sinsentido instalado por igual en el imaginario de socialdemócratas, democristianos y sindicatos, no tengo ni la menor idea, porque la dimensión del engaño es fabulosa. Ya verán, hagan la prueba: coméntenle a sus familiares o compañeros de trabajo más cercanos que, por emplear el gerunditivo pluscuamcompuesto, habría que ir empezando a pensar en dejar de trabajar… Ya verán la reacción: “pero qué dices ¿estás loco? ¿Y qué vas a comer?” O “Ya, ya sé lo que a tí te gusta: ¡hacer el vago!”. Las confusiones son inmediatas: trabajo = renta / trabajo = producción.

La condena del trabajo está marcada a fuego en nuestra organización social, y es prioritario empezar a librarse de ella. ¡Toma ya, despedida situacionista!

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6 pensamientos en “TRABAJO (III)

  1. erbobo dice:

    Por no hablar de otro símil tan usual como equivocado. El de trabajo=dignidad o trabajo=honradez. Falacias vomitadas desde arriba para que los de abajo crean que deben trabajar mucho muchísimo para ser buenos buenísimos.
    Parece mentira pero todavía hay gente que farda de currar más que tú, de levantarse antes que tú y de hacer más km que tú para llegar al curro. Imbéciles. Purititos imbéciles.
    Tirando de memoria, creo que era en Zeitgeist o un docu del estilo en el que proponían que, con la tecnología disponible actualmente, las máquinas podrían trabajar para el hombre, organizando sociedades con menor impacto ambiental, mejor repartimiento de la riqueza, patatín, patatán… y el hombre, a rascarse las pelotas.
    Era bastante comeflores y utópico pero molaría, no?
    En fin, sin más.

  2. carlosalonsoromero dice:

    Es que la técnica TENÍA que servir para eso, para librarnos del trabajo. No para perfeccionarlo. Todo el problema surge de una organización en la que, o tienes mucho dinero o tienes que trabajar para adquirirlo. Sin trabajo no hay renta. Y ni siquiera. A este paso, nos pagarán en función del estado de ánimo del empresario…

  3. Daniel Daranas dice:

    El capitalismo se hace más sostenible si las instituciones lo protegen. Por sí solo, sin regulación, se autodestruye. No digo que destruye (solamente) la naturaleza o los vínculos sociales, sino que se autodestruye a sí mismo (que es la única manera en la que algo puede ser “auto”: a sí mismo).

    Las instituciones ayudan. Las luchas sindicales, por ejemplo, se han hecho realidad institucional. En lugar de tú explotarnos (tú, capitalista) durante años y que un día, muertos de hambre y desesperados al llegar algún empeoramiento (bajada de salarios, subida de precios, despidos) te quememos la fábrica y la casa, nos inventamos una cosa que se llaman leyes y trabajamos 40 horas y vemos a nuestras familias y vivimos mejor, con lo cuál tú también vives más tranquilo aunque a muy corto plazo no estés ingresando tanto dinero como si nos exprimieras al máximo.

    Igual con los límites ecológicos. Si unas leyes limitan la contaminación de ríos y mares, la desforestación, la extinción de los peces, etc., a corto plazo tú, capitalista, ingresas menos que contaminando y destruyéndolo todo a saco. Pero a medio y largo plazo el capitalismo como tal y también tú en particular podreis sosteneros durante más tiempo. Por suerte nosotros, trabajadores, también nos beneficiamos de eso.

    El aumento de productividad hace que convenga que cada uno trabaje menos horas, por el mismo motivo.

    Que nos convenga trabajar menos a cada uno, pues, no es hoy una proclama revolucionaria, sino un análisis puramente técnico. Lógicamente el capitalista individual, de buenas a primeras, no está a favor de eso, pero tampoco lo estaba antes de instalar depuradoras en su fábrica para poder verter el agua dentro de unos límites de contaminación admitidos por la ley. El sistema capitalista en su conjunto, sin embargo, sí se beneficia de este tipo de medidas.

  4. carlosalonsoromero dice:

    Sí… De ahí los intentos, primero, de Ford por dar buana paga y descanso a sus empleados (“así comprarán mis coches”) o, más recientemente, de Slim o Buffet por mantener un bienestar mínimo dentro de nuestra esclavitud. No extraña que esta actitud venga de los más afectados por la crisis y la depresión económica: los líderes del capitalismo productivo. Son 100% egoistas, les gusta el sistema y quieren preservarlo. Los mercados financieros, en cambio, son, como dice Taibbi, como un calamar vampiro. NIhilismo puro. Exterminación.
    Sin embargo, y esto lo repito tanto que me estoy haciendo pesado, el segundo tipo de capitalismo no legitima el primero. El día que se acabe con el cáncer, habrá que terminar con la gripe.

  5. Fernado dice:

    “La solución está clara: menos trabajo, más renta. No hay fórmula mágica, sólo redistribución.”

    Redistribución de recursos escasos entre una población creciente=aumento de la pobreza

    • Kiko dice:

      Bueno, aquí hay uno de esos axiomas del capitalismo que llenan los documentales de la dos y los libros de texto: la escasez, la lucha por los recursos limitados y todas esas cosas que escriben los hijos de los pastores protestantes.
      Por eso, porque el capitalismo necesita escasez para funcionar genera pobreza.
      No porque los “recursos” sean escasos.
      Que el ambiente soporte una cantidad limitada de explotación no significa que sus recursos sean escasos… El problema no es el uso, es el consumo, que como bien dice la palabra, consume.

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