Contra el Corruptómetro

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diciembre 5, 2012 por carlosalonsoromero

Transparencia Internacional acaba de publicar, un año más, los resultados de su corruptómetro, que están expuestos de forma muy clara en su página web. Reconozco que a priori parece una buena iniciativa, pero cuanto más pienso en sus limitaciones y en la forma en que se extrae la información menos me convencen los resultados.

Entiendo que las intenciones son buenas, pero, un ranking sobre un área de la criminalidad basado en “percepciones” me parece tan atrevido como poco consistente (aunque podría dar mucho juego en otros dominios, como por ejemplo, para medir la mierdificación de los puestos de trabajo o la indecencia del empresariado).

Cuando se declaran las fuentes que se usan, la cosa se queda en un triste “sources that provide a score for a set of countries/territories and that measure perceptions of corruption in the public sector”. Se trata, en resumidas cuentas, de encuestas. No es algo asimilable a los indicadores basados en hechos y/o evidencias que dan, por poner un par de ejemplos, el INE o la OMS.

Por mucha apariencia científica que se le quiera dar, TI se basan en lo que opinan los ciudadanos, y ese no es un análisis riguroso de un área de la actividad humana.  Las opiniones personales son solo eso, y juntar diez mil sólo nos servirá para constatar con tristeza su homogeneidad.

Por otro lado, hay un aspecto en la declaración de su metodología que es directamente anticientífico:

There is no meaningful way to assess absolute levels of corruption in countries or territories on the basis of hard empirical data. Possible attempts to do so, such as by comparing bribes reported, the number of prosecutions brought or studying court cases directly linked to corruption, cannot be taken as definitive indicators of corruption levels. Rather they show how effective prosecutors, the courts or the media are in investigating and exposing corruption.

Sorprende bastante el hecho de que sostengan que una buena cantidad de procesos judiciales abiertos en este área de la criminalidad (delimitada penalmente en casi todas las democracias que conozco) puede no representar tanto la cantidad de corrupción como el éxito en la persecución de la corrupción. Es decir, que como no es del todo determinante (o puede no serlo), pues se descarta. Y a otra cosa.

Esto, dejando aparte que es inexacto (porque no es el número de “prosecutions” sino el número de condenas lo que resulta más indicativo), pone en tela de duda cualquier medición de la criminalidad… ¿O estamos dispuestos a reconocer, en esta misma onda, aunque invirtiendo el enunciado, que un índice de criminalidad bajo puede venir causado por fracaso estatal a la hora de perseguir el crimen?

Es decir, que no es tanto que haya menos asesinatos ahora que hace 20 años, como que la gente ha aprendido a esconder bien los cadáveres. Y al revés: una cárcel llena de violadores no representa una sociedad violenta y sexista sino el trabajo de una brigada policial especializada y eficaz.

Igualmente, es también absurdo que se pase por alto el efecto intimidatorio que puede tener una buena persecución de la corrupción. Es bastante lógico deducir que un país con un alto número de denuncias contra la corrupción estatal tiene bastantes números de terminar siendo menos corrupto que otro con pocas denuncias. Yo soy renuente a creer en el efecto disuasorio de la ley, pero de ahí a no considerar en absoluto su influencia va un trecho.

Para que se me entienda bien: la judicialización de la corrupción no es suficiente para sopesar el grado de corrupción, pero ofrece una buena base de juicio que podría ponderarse después con sentencias condenatorias y, en último extremo, con encuestas a ciudadanos.

Al final, la medición de las percepciones de corrupción según TI, me temo que sigue el mismo esquema de significación que las encuestas del CIS que, durante los mismos 30 años en que bajaba el índice de criminalidad en España, ofrecían invariablemente como segunda preocupación de los españoles la inseguridad callejera, justo por detrás de La ETA.

Ya saben: ese mismo esquema de opinión que se puede escuchar en 170 países del mundo según el cual “es que ya no se puede ni salir a la calle” o “es que esto sólo pasa aquí porque somos un país de ladrones”. Y creo que aquí sólo podríamos excluir a Alemania, por su autoadulación intrínseca, y a Finlandia, porque son sólo doscientos tipos viviendo entre coníferas.

En muchas ocasiones, y me temo que este es un caso flagrante, las encuestas sólo logran reflejar la homogeneidad de las Opiniones Personales, su atrevimiento y su preocupante falta de conocimiento.

El próximo post ofreceré algunos factores explicaticos (tan especulativos y tan válidos como las Opiniones Personales recogidas por TI) sobre los resultados del corruptómetro y que lo desacreditan tanto o más que su dudosa metodología.

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